Boxeador profesional
Me gustaría que me recordaran como una persona luchona, que siempre tuvo el objetivo de hacer algo o de ser alguien y lo logró.”
Vio la luz por primera vez en Guadalajara, Jalisco, el 12 de abril de 1985. Sus padres, Marco Antonio Nazareth y Livier Nazareth, le dieron dos hermanos, Alan y Abraham Yovani. Se inició en el boxeo a los 16 años, cuando practicaba Muay Thay, y vio una pelea de exhibición en la cual participó. Después de la experiencia decidió entregarse a ese deporte con la pasión que sólo tienen los campeones, y en él perdió la vida la madrugada del pasado 22 de julio. A decir de sus contrincantes en el Ring, siempre demostró el más profundo respeto por un deporte al que se
consagraba al cien por ciento, porque le provocaba un ímpetu especial y le hacía prodigarse en cada uno de sus combates. Entre los boxeadores que más admiraba se encontraban Marco Antonio Barrera y Julio César Chávez. Su mayor anhelo era ser campeón del mundo en Peso ligero y Súper ligero.
Marco Antonio Nazareth Aréchiga era un joven de familia. Afirmaba que sus padres eran para él los pilares fundamentales de su vida y su mayor orgullo: “La familia son los cuatro pilares de una casa o un edificio; sin los pilares, no se sostiene el techo, eso es lo que significa para mí la familia; es lo más importante.” Marco Antonio Nazareth destacó como persona por los valores que le inculcaron sus padres: “honestidad, fidelidad, el respeto a Dios y ponerlo en primer lugar. Eso me define, soy una persona muy honesta, no me gusta ser desleal, trato de irme siempre por lo correcto, nada de tranzas.”
“El Texano” se definía como un guerrero y soñador, sentimental y de buen corazón. Y es que muchas personas lo conocieron cuando se adhirió a diversas causas en favor de los más desprotegidos de la sociedad en algunas instituciones de Puerto Vallarta, pues su gusto por servir a la gente le fue inculcado en el seno familiar. Era una de esas personas que se quita el bocado de la boca por dárselo a otra persona más necesitada. Sólo por esa razón le gustaba la política, por la posibilidad que da de ayudar a la gente. Afirmaba que deseaba estudiar relaciones internacionales y que, al concluir su carrera deportiva, se dedicaría a los medios de comunicación como lo han hecho sus padres.
Al preguntarle cómo se le gustaría ser recordado, Marco Antonio respondió: “Como una persona luchona, que siempre tuvo el objetivo de hacer algo o de ser alguien y lo logró, que digan, ‘se aferró y se aferró, y lo hizo.’” Lo cierto es que pervivirá en nuestra memoria como el joven honesto y apasionado que optó por servir a su prójimo en todos los momentos. El suyo fue un destino fácilmente equiparable al de Aquiles, a quien su madre, la Diosa Tetis, asignó una vida breve, pero gloriosa y no una existencia larga, apacible e intrascendente. ¡Descansa en Paz!, pues dejaste huella en la historia.








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