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LA PERSPECTIVA SOCIAL EN EL TURISMO. POR HÉCTOR PÉREZ.

¡Muy buenas tardes¡ mi agradecimiento por su presencia en este acto tan significativo para mi persona, sin embargo no puedo dejar de mencionar que creo que mi amigo Luís Reyes Brambila lo inventó como una especie de despedida dadas las circunstancias de mi salud últimamente. De cualquier manera, Luís, ¡muchas gracias¡

 

Me gustaría aprovechar esta oportunidad para hablarles de un tema que NO se toca en ninguna de los múltiples foros de análisis turístico que se llevan a cabo año con año, en el país. Y sin embargo existe conceptualmente en el Código de Ética para el Turismo de la OMT:

 

LA PERSPECTIVA SOCIAL EN EL  TURISMO

 

En el imaginario popular creemos que el turismo es la panacea para resolver los problemas de muchas ciudades que como la nuestra vive por y para el turismo. Sin embargo es importante saber que más allá del glamor el turismo tiene otras caras ocultas y entre ellas, un costo social.

 

LOS BENEFICIOS DEL TURISMO PARA LAS COMUNIDADES DE ACOGIDA NO SON GRATUITOS, EL PRECIO QUE PAGAN LOS PUEBLOS ES EN LA MONEDA MÁS PRECIADA: SU CULTURA, IDENTIDAD, VALORES, TRADICIONES,  SUSTENTABILIDAD Y HASTA SU COMIDA.

 

Me voy  a permitir leer un breve párrafo de historia para ilustrar mi  punto de vista sobre el tema de esta charla.

 

…”Pero el progreso trajo consigo los grandes vicios a todos los puntos del imperio. Llevó a todos los lugares los excesos, la comodidad y el confort, alejando a las clases productivas del campo y el mar hacía un entorno urbano y confortable.  Fomentando en todos los pueblos deseos de cosas de los que los más ancianos ni siquiera habían oído hablar. Las cosas habían empezado a ser muy distintas de cómo eran en los viejos tiempos”.

 

Lo anterior es un breve párrafo de la extensa historia de la caída del Imperio Romano, mismo que tiene una similitud asombrosa con el turismo; con la bonanza en el turismo.  Con el imaginario glamoroso del turismo.

 

Aun cuando el mundo del turismo está muy lejos de la hecatombe romana los síntomas son similares: la decadencia moral de la sociedad.

Veamos por qué:

 

En los principales destinos turísticos de nuestro  país se ha propiciado la emigración de las clases productoras del agro y el mar hacía un “entorno urbano confortable”. Como resultado de ello se crean miles plazas de personal de cuello blanco pero se abandonan los oficios, la agricultura y la pesca.

 

El progreso “trajo consigo los grandes vicios” a todos los destinos turísticos atizando la informalidad, la irresponsabilidad y la flojedad en las nuevas generaciones.  El espejismo del dinero fácil atrae  migrantes de todas las clases sociales del país en busca de una vida mejor, más fácil y  grata.

 

Lo anterior ha ocasionado cambios profundos en el estilo y la calidad de vida de los habitantes originales; los forasteros les disputan su espacio, les arrebatan sus playas, agreden sus montañas, ocupan sus espacios públicos y han fomentado el deseo por cosas que jamás habían conocido.

 

El turismo erosiona nuestra cultura, nuestra identidad, tradiciones y más importante; nuestros valores familiares. Fomentando en todos los pueblos deseos de cosas de los que los más ancianos ni siquiera habían oído hablar.

 

ASÍ Y TODO…

Al parecer el lenguaje del  turismo en nuestro medio no incluye el concepto de dimensión social.  Políticos,  empresarios, periodistas, funcionarios, ejecutivos y el pueblo en general cuando se refieren al turismo lo hacen en términos económicos, financieros o estadísticos, jamás se habla de conceptos de ética, de sustentabilidad, de capital social o de políticas de bienestar comunitario. Se habla de ingresos, de gasto per cápita, de derrama económica. Se habla de DESTINO pero se olvida que antes existe la CIUDAD.  La ciudad en que vivimos y recibimos a nuestros invitados: viajeros y turistas.

 

Prevalece la atadura a las estadísticas: a buscar mayores afluencias de visitantes efímeros sin establecerse una meta, a construir mayores hoteles y condominios residenciales sin respeto a la sustentabilidad y lo que ha sido peor: sin respeto por la dimensión humana.

 

El turismo, es posiblemente la principal industria global cuyos nobles fines  son con frecuencia torcidos para acomodar intereses ajenos al bienestar social y al futuro sustentable. El turismo que bien administrado derrama sus beneficios y crea riqueza para todos, mal administrado puede acabar con el turismo… y de paso con el capital social de la comunidad.  

 

El turismo es fomentado por muchos gobiernos en el mundo por ser un gran  productor de empleos, generador de divisas y creador de infraestructura.  El turismo crea mayor número de empleos por capital invertido que otras industrias.

Pero el turismo, para que cumpla su finalidad social debe ser administrado inteligentemente mediante políticas públicas sancionadas por la sociedad anteponiendo a los beneficios económicos el bienestar de la población y el resguardo de sus valores, su cultura y sus tradiciones.

 

En el último lustro el mundo entero, -salvo aquellos con problemas específicos y locales-, ha venido disfrutando de un “boom” económico-turístico, en algunas regiones con márgenes superiores a los de nuestro país. Lo cual demuestra el hecho de que es la economía el principal motor de la industria de los viajes.

 

Nuestro turismo está en época de “vacas gordas” lo cual es un conflicto en un país donde en muchos casos no existe la infraestructura necesaria a su rápida expansión o donde la afluencia ha rebasado ya la existente. Una situación que torna vulnerable al país frente a la competencia global.

Y SIN EMBARGO…

 

A diferencia de lo que se cree los países mayormente beneficiados por el turismo son los países desarrollados;

Los Estados Unidos, Francia, China, Alemania, Rusia, Canadá, Italia, España, Inglaterra. Todos ellos con la posible  excepción de España,  países industrializados cuyos habitantes tienen un alto nivel de vida  independiente del turismo.  Países altamente competitivos que mantienen altos niveles de afluencia emisora y receptiva.

 

Son países con una economía sólida basada en su  productividad industrial, comercial y financiera, ven al turismo como un plus. Mientras que otros como el nuestro pretendemos basar nuestro futuro en el turismo asumiendo que nunca se acabará o que siempre tendremos la habilidad para conservarlo aunque siempre vaya atrás la infraestructura a las corrientes turísticas.

 

A SABER…

El turismo tiene tres finalidades fundamentales: crear riqueza, derramar sus beneficios en las comunidades y fomentar la amistad entre los pueblos respetando nuestra cultura e identidad. La riqueza debería emplearse para crear otras actividades económicas.  La derrama del gasto turístico debería elevar el nivel de vida de la población y los visitantes enriquecerse con nuestra cultura.

 

Para lograr lo anterior se requiere administrar el turismo mediante políticas publicas con sentido social, cuando esto no sucede surgen manifestaciones como la “turismofobia” o las moratorias a la construcción de hoteles como ya sucede en algunas ciudades del mundo.

 

¿QUÉ ES LA TURISMOFOBIA?

Básicamente es el creciente rechazo por parte de las poblaciones locales,  al crecimiento del turismo en sus barrios,  colonias o ciudades; más gente abarrotando las calles y lugares de atracción; la aparición de más departamentos turísticos,- condominios-, en edificios antes destinados a la vivienda permanente, y la desaparición de comercios locales no enfocados en el turismo como los pequeños comercios de barrio.

 

En realidad estamos ante un conflicto de espacio público. La aparición de más departamentos turísticos y su mejor rentabilidad frente a los alquileres tradicionales expulsa a los habitantes locales al subir las rentas. Lo mismo pasa con los alquileres comerciales. El uso corriente de monedas extranjeras que encarecen la vida a quienes no reciben ingresos en esas monedas.

 

En general el costo de la vida se eleva para los locales no escapando restaurantes y lugares de diversión cuyos precios son planeados para el turismo, en moneda extranjera,  haciendo pagar a los locales como visitantes en su propia ciudad.

 

AHORA BIEN, QUE PASA CUANDO EL TURISMO ES MAL ADMINISTRADO.

Aquí valdría la pena precisar el concepto de administración, que básicamente incluye la planeación, el control y el análisis  continuo.

No hace falta ir muy lejos para conocer los efectos de un destino turístico mal administrado: Acapulco. Nadie podrá negar la belleza de su bahía y su entorno. Difícil no admitir que Acapulco fue el destino más famoso del mundo por décadas. Políticas publicas equivocadas,  corrupción y una población indiferente acabaron con el destino en cierto sentido porque Acapulco vive, pero vive una vida diferente y lamentable. Sigue siendo el destino turístico que más visitantes recibe en México: más de cuatro millones al año con un gasto insuficiente.

 

Mientras la euforia de la bonanza turística se difunde a los cuatro vientos ignorando su naturaleza cambiante y vulnerabilidad nuestras ciudades turísticas sufren y pagan un precio alto: su calidad de vida desmerece.

 

EL ORGULLOSO CANCÚN COMIENZA A QUEJARSE:

…“Es claro que también debemos hablar a 50 años de su nacimiento,  de los errores, de los fracasos y de los retos por enfrentar.

    Si bien el Plan Maestro original era casi perfecto y la planeación, metodología y estrategias no contaban como pasa tantas veces con el error humano y mucho menos con la corrupción que nos lacera. No se contaba con la actuación de los Presidentes Municipales y sus cabildos que vinieron a dar al traste con tan magnífica planeación y que pasaron por alto densidades, usos de suelo, trazos originales y que se vendieron en su mayoría al mejor postor.

 

    Y fue así, a causa de la corrupción, del oportunismo desmedido, de la ambición de muchos y la falta de compromiso de otros tantos, que se cambiaron densidades y se construyó en demasía y los usos de suelo ante el embate de las poderosas chequeras  se fue soslayando paulatinamente pero con consistencia el Plan original, dando lugar a la suerte de caos que tenemos hoy como ciudad aunque miles de turistas no se den cuenta de ello por fortuna.

 

    La vialidad en lo general por ejemplo, hoy en el 2017 es un desastre en Cancún; falta de estacionamientos, tránsito vehicular desquiciado a todas horas, transporte público deficiente y vergonzoso, largas horas para llegar a los centros de trabajo, entre otras penalidades, en mucho debido a la falta de visión desde años y por su puesto a la falta también de voluntad política para resolverlo.

    Es un hecho, sin embargo, que el municipio no ha podido contar con los recursos suficientes para que la urbanización y los servicios públicos marchen paralelos a la tasa de crecimiento de la población y se ha generado un déficit creciente de urbanización y servicios públicos, que afectan la calidad de vida de una parte importante de los habitantes del municipio. De la misma manera, el crecimiento hotelero ha sido muy superior y más rápido que la infraestructura de la ciudad”.

 

Situaciones similares  surgen en todos los destinos turísticos del país sin ser excepción nuestra ciudad.

 

Nuestra ciudad, a los ojos de los visitantes es un conglomerado urbano que cada vez pierde más identidad pues junto a altos y lujosos edificios de apartamentos, sigue el comercio callejero de alimentos. Nuestra incapacidad para conservar el patrimonio social que significaba el viejo casco del pueblo se extiende en el tiempo y la avenida de ingreso a la zona asemeja más a las  calles de un zoco árabe que a una ciudad turística internacional.

Mientras que en ciertos rumbos de la ciudad se muestra el progreso en otras se exhiben nuestras carencias. Entre ellas el anquiloso sistema de transporte público, la ausencia de señalización y baños públicos.

 

Nuestro centro urbano, <el viejo casco del antiguo pueblito de pescadores> ha sido despojado de sus  encantos originales. Su atractivo jamás fue únicamente su apariencia física, por típico y único que este fuera; los aspectos intangibles como son la seguridad y comodidad para circular a pie, el sugerente encanto de ir de compras y comparar precios, la tranquilidad que contagia a propios y visitantes cuando el ritmo de las actividades es el apropiado, el invisible abrazo de bienvenida que se siente con una señalización efectiva. Todo eso, que es lo que un turista busca en cualquier destino del mundo ya se le ha escatimado a la zona que fue por muchos años la gran diferencia competitiva de nuestra ciudad.

 

Y ante todo esto no olvidemos que las ciudades deben planearse para los ciudadanos. NO para el turismo y si atraemos visitantes ellos vendrán por lo singular, lo único lo diferente que podrán encontrar, entre todo ello nuestra identidad y cultura.

 

Hace unas semanas se realizó en nuestra ciudad un encuentro de cronistas del Occidente de la Republica. Ahí se escucharon voces interesantes, entre ellas la del arquitecto urbanista Alfonso Baños Francia.  En una publicación posterior escribió: “En cuanto a la crónica urbana, esta disciplina ha estado presente desde la creación de los asentamientos pero que recientemente ha revalorizado su importancia al ser el principal albergue de la vida humana. Como menciona, Suketo Mehta “la ciudad te promete libertad de amar y el riesgo de estar solo”.

 

Y prosigue Alfonso: “Por eso hay que darle voz a la ciudad que constituye el deposito de la memoria colectiva donde están presentes los conflictos y la insensatez como las practicas especulativas sin más planificación que el beneficio económico de corto plazo. También la ciudad es la ilusión de un futuro mejor y ello ha movido a millones de migrantes a dejar su país y su tierra. Una metrópoli puede excluir a los que llegan y a los que llevan generaciones asentados en ella. Está pasando en nuestro territorio devorado por la especulación turística. La ciudad contemporánea volverá a ser fraterna cuando quienes la habiten encuentren su lugar en ellas. Puerto Vallarta puede seguir siendo un sitio de acogida y aprovechar esta riqueza para potenciar sus propias capacidades. Por eso, lo cuente quien lo cuente, una ciudad sin identidad no es más que un muerto viviente. Un espacio atrincherado y con poco futuro, un animal en peligro de extinción”.

 

La sociedad no debe esperar que los gobiernos comprendan el concepto de un destino turístico con dimensión humana. Sus metas son otras; giran alrededor de lo material. De las obras de relumbrón. Sus miras son hacía la siguiente elección no necesariamente hacía el bienestar de la población.

 

Tampoco debemos esperar mucho de los gremios organizados. Ellos tienen  claro su objetivo: producir rendimientos económicos para sus empresas y para sus gremios. Es la sociedad quien, organizada debería exigir el acatamiento de leyes y reglamentos; de planes de desarrollo y políticas públicas con sentido social.

 

Puerto Vallarta, al igual que otros centros turísticos de playa necesitan crear un frente común para defender su identidad, su cultura, sus tradiciones y costumbres, su comida y su forma de ser. Si perdemos esto no seremos más que “Un espacio atrincherado con poco futuro, un animal en peligro de extinción”.

 

¡DEFENDAMOS AL TURISMO… DEFENDAMONOS DEL TURISMO¡

 

 

 

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