LA DISCIPLINA PARTIDISTA Y LA LUCHA ELECTORAL

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LA DISCIPLINA PARTIDISTA Y LA LUCHA ELECTORAL
 
Javier Orozco Alvarado
 
Como es natural, en  víspera de los periodos electorales los partidos políticos realizan una serie de ajustes que les garanticen la mayor posibilidad de ganar las elecciones.  Estos ajustes, como lo hemos visto recientemente, implican remover de las estructuras a quienes relativamente tienen mas iniciativa  y proponer personajes mas disciplinados y con mayor compromiso con quien les designó o los propuso para el cargo.
 
De hecho,  los recientes cambios que se llevaron a cabo en el PRI y en el PRD, a partir de las renuncias de sus respectivos presidentes a nivel nacional, nos permiten entender lo que está pasando al interior de los partidos políticos en México. En primer lugar, la impresionante disciplina de la militancia partidista ; en segundo lugar, que los aspirantes a la presidencia han comenzado a colocar en los puestos clave a quienes se encargarán de postularlos y; que la democracia al interior de los partidos es inexistente.
 
Aunque la vida interna de los partidos y la pasividad de su militancia son muy respetables, no deja de llamar la atención la manera en que se  toman las decisiones y las forma en se eligen  a sus cuadros directivos.  
 
Para no ir tan lejos, basta mencionar que, al parecer a la sucesora de Agustín Basave, quien era presidente del PRD hace todavía unas semanas, la propuso ni más ni menos que el mismísimo Miguel Ángel Mancera, lo que provocó cierto malestar entre algunos de sus dirigentes.  Pero a pesar del malestar, toda la militancia perredista finalmente aceptó la designación de Alejandra Barrales como la nueva presidenta de ese partido; o como diríamos coloquialmente, se disciplinaron.  Pues esta decisión, aunque lastima la inteligencia y el amor propio de quienes forman parte de ese partido; la realidad es que ella estaría asegurando la designación del jefe de gobierno de la Ciudad de México como candidato del PRD a la presidencia de la república para en 2018.
 
Algo muy parecido pasó en el PRI, después de la renuncia de Manlio Fabio Beltrones, pues su sucesor Enrique Ochoa  Reza,  tomo posesión  como presidente de ese partido sin haber tenido una larga militancia partidistas. Y es que el mismo reconoció muy recientemente que recibió el espaldarazo de sus amigos Luis Videgaray  y Aurelio Núño para llegar a la presidencia del tricolor. En ese escenario, cualquiera de los dos tienen amplias posibilidades de aspirar a la candidatura porque tendrán un aliado en el presidente de ese partido.
 
Desafortunadamente, quienes controlar estos partidos, no quieren darse cuenta del daño que provocan a la militancia y a la solidez institucional de la vida partidista; pues esas acciones son las que desmotivan la lealtad  de sus militantes al partido y a sus instituciones.  Eso se refleja en el constante éxodo de militantes de unos partidos  hacia  otros y en el debilitamiento progresivo de los partidos, como está sucediendo en el PRI y en el PRD.
 
Es muy probable que la falta de legitimidad  de su dirigencia y  la escasa democracia al interior de estos partidos,  pueda llegar a influir en las preferencia electorales de la próxima contienda.
 
La realidad es que en este escenario dichos partidos están dejando la cancha ampliamente abierta a la posibilidad de  que sea Andrés Manuel López Obrador el próximo presidente de México, pues en todos los sondeos aparece como el ganador de la presidencia para el 2018.  Y curiosamente, tanto los candidatos del PRD y del PRI figuran en los últimos lugares en la preferencias electorales, lo cual  significa que la gente y la militancia ya están hartos del manejo discrecional que opera en casi todos los partidos tradicionales.
 
 
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Jueves 21 de julio de 2016