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Tulum nos está avisando: ¿Puerto Vallarta y Riviera Nayarit van a escuchar?

¿Estamos matando el destino que nos da de comer?

Por Jhovanee Monge

Hay una frase popular que dice: “Cuando las barbas de tu vecino veas, pon las tuyas a remojar”.

Hoy, Puerto Vallarta y Riviera Nayarit deberían hacerlo.

No porque nuestra realidad sea idéntica a la de Tulum. No lo es.

Pero porque existe una lección que todos los destinos turísticos deberían aprender: el éxito no es eterno cuando se deja de cuidar aquello que hizo atractivo al destino en primer lugar.

Tulum se convirtió en una marca turística internacional. El mundo comenzó a hablar de sus playas, su naturaleza, su gastronomía y su exclusividad.

Pero el crecimiento también trajo consecuencias.

El aumento de los precios, la presión inmobiliaria, las dificultades para encontrar vivienda, la percepción de inseguridad, los problemas de infraestructura y el debate sobre el acceso a las playas son parte de una realidad que hoy obliga a ese destino a replantearse cómo recuperar al visitante y fortalecer su competitividad.

Y mientras Tulum busca recuperar terreno, nosotros deberíamos hacernos una pregunta incómoda:

¿Estamos cuidando suficientemente a Puerto Vallarta y Riviera Nayarit?

Porque nuestro destino también está cambiando.

Y no todo cambio significa progreso.

El precio de vivir aquí

Uno de los grandes temas que debemos poner sobre la mesa es el costo de la vivienda.

Puerto Vallarta y Riviera Nayarit son destinos turísticos extraordinarios, pero cada vez resulta más difícil para muchas personas que trabajan aquí encontrar una vivienda que puedan pagar.

Las rentas se han elevado.

La vivienda turística de corta estancia ha transformado zonas completas.

Y cada vez es más común encontrar propiedades pensadas exclusivamente para visitantes temporales, mientras quienes trabajan en hoteles, restaurantes, comercios, hospitales, escuelas y servicios deben buscar vivienda cada vez más lejos.

La pregunta es inevitable:

¿Puede ser sostenible un destino turístico donde quienes trabajan para atender al visitante ya no pueden vivir cerca de su trabajo?

No se trata de estar en contra de la inversión inmobiliaria.

Tampoco de satanizar las rentas vacacionales.

Se trata de encontrar un equilibrio.

Un destino necesita inversión.

Pero también necesita comunidad.

Necesita trabajadores.

Necesita familias.

Necesita jóvenes que puedan construir aquí su futuro.

Necesita personas que no tengan que pasar horas trasladándose para llegar a su empleo porque la ciudad donde trabajan se volvió inaccesible.

El turismo no puede convertirse en una actividad que expulse a quienes hacen posible que funcione.

Precios justos: ni barato ni abusivo

Puerto Vallarta y Riviera Nayarit no tienen que ser destinos baratos.

Tenemos una oferta turística de gran calidad y podemos competir en segmentos de lujo y alto poder adquisitivo.

Pero una cosa es ofrecer productos premium y otra muy diferente es convertir el destino en un lugar donde el visitante sienta que todo tiene un precio excesivo.

El verdadero lujo no es cobrar caro.

El verdadero lujo es entregar valor.

Un turista puede pagar una cena costosa si recibe una experiencia extraordinaria.

Puede pagar una habitación de lujo si encuentra servicio, calidad y atención impecables.

Puede pagar por una excursión si descubre algo único.

Pero cuando el precio deja de corresponder con la experiencia, el visitante comienza a cuestionarse si vale la pena regresar.

Y hoy el turista tiene muchas opciones.

El mundo está compitiendo por él.

Por eso necesitamos recuperar una palabra que nunca debería haberse perdido:

justicia en el precio.

No se trata de regalar nuestro trabajo.

Se trata de cobrar lo que vale.

Y demostrar que lo vale.

El turismo también ocurre fuera de los grandes hoteles

Durante años hemos construido una poderosa industria hotelera.

Pero el destino es mucho más que sus resorts.

Puerto Vallarta y Riviera Nayarit tienen restaurantes independientes, galerías, mercados, pequeños hoteles, operadores turísticos, artesanos, pescadores, chefs, productores locales, artistas y cientos de empresarios que construyen diariamente la verdadera experiencia del destino.

Ellos también necesitan ser parte de la estrategia turística.

El visitante que sale de un hotel debe encontrar una ciudad viva.

Debe poder caminar.

Conocer.

Descubrir.

Comprar.

Comer.

Conversar.

Explorar.

Sentirse seguro.

Por eso debemos impulsar experiencias fuera de los grandes complejos turísticos.

El turismo que beneficia a la comunidad es el que distribuye sus beneficios.

El que permite que el dinero del visitante llegue también al restaurante familiar, al pequeño comercio, al guía local, al artesano, al transportista, al productor y al emprendedor.

Un destino no puede depender exclusivamente de grandes inversiones.

Necesita una economía turística que llegue a todos.

Infraestructura: no podemos vender lo que no podemos sostener

Aquí aparece otro tema que ya no podemos ignorar:

La infraestructura.

Una ciudad turística necesita funcionar.

Necesita calles en buen estado.

Drenaje.

Agua.

Iluminación.

Transporte eficiente.

Señalización.

Movilidad.

Estacionamientos.

Conectividad.

Espacios públicos dignos.

No podemos seguir pensando únicamente en construir nuevos desarrollos si no somos capaces de mantener y mejorar la infraestructura que ya tenemos.

Cada nuevo hotel, cada nuevo condominio y cada nuevo proyecto inmobiliario representa también una mayor presión sobre los servicios.

La pregunta que debemos hacernos es:

¿Nuestra infraestructura está creciendo al mismo ritmo que nuestro turismo y nuestra población?

Si la respuesta es no, tenemos un problema.

Y los problemas de infraestructura terminan afectando a todos.

Al residente.

Al trabajador.

Al empresario.

Y, por supuesto, al visitante.

Playas públicas, limpias y accesibles

Nuestra bahía es uno de nuestros mayores tesoros.

Las playas son parte de nuestra identidad.

Son uno de los principales motivos por los que millones de personas deciden visitar esta región.

Por eso debemos ser contundentes:

Las playas deben estar limpias, cuidadas y ser accesibles conforme a la legislación vigente.

No podemos hablar de turismo de clase mundial mientras existan playas públicas descuidadas, basura, infraestructura deteriorada o accesos que dificulten el disfrute de residentes y visitantes.

Las playas no son únicamente un producto turístico.

Son patrimonio natural.

Son espacio público.

Son parte de la vida de nuestra comunidad.

Necesitamos una estrategia permanente de limpieza, mantenimiento, vigilancia y conservación.

No solamente durante Semana Santa.

No solamente en verano.

No solamente cuando llegan miles de turistas.

Todo el año.

Una ciudad limpia también es una ciudad turística

La experiencia del visitante comienza desde que llega.

Y continúa cuando sale del hotel.

La limpieza de las calles.

El estado de las banquetas.

Los parques.

Los espacios públicos.

La recolección de basura.

La iluminación.

El mantenimiento de las zonas turísticas.

Todo comunica.

Un destino puede tener hoteles de cinco estrellas, pero si el visitante sale a caminar y encuentra calles deterioradas, basura o espacios públicos descuidados, la percepción cambia.

La calidad turística no puede estar encerrada detrás de las puertas de un resort.

La ciudad completa debe ser parte de la experiencia.

Seguridad: una obligación, no una estrategia de promoción

No podemos hablar del futuro turístico sin hablar de seguridad.

La seguridad pública debe ser una prioridad permanente.

El visitante quiere disfrutar.

El residente quiere vivir tranquilo.

El empresario quiere trabajar.

El trabajador quiere regresar a casa.

Todos necesitamos lo mismo.

No podemos ocultar los problemas.

Debemos atenderlos.

La prevención, la vigilancia, la coordinación entre autoridades y empresarios y la atención rápida a los delitos son fundamentales.

Un destino seguro no es aquel que afirma que no tiene problemas.

Es aquel que tiene la capacidad de enfrentarlos.

Puerto Vallarta y Riviera Nayarit: una región, un destino

Otro gran desafío es entender que el visitante no ve nuestras fronteras administrativas de la misma manera que nosotros.

Para quien llega de otro país, Puerto Vallarta y Riviera Nayarit forman parte de una misma experiencia turística.

Por eso debemos actuar como región.

La movilidad no termina en un municipio.

La seguridad tampoco.

La limpieza de una playa afecta la percepción de todo el destino.

La infraestructura turística debe conectarse.

La promoción debe complementarse.

Y la experiencia del visitante debe ser integral.

No podemos competir entre nosotros cuando afuera estamos compitiendo contra el mundo.

Puerto Vallarta y Riviera Nayarit deben ser aliados turísticos, no competidores internos.

Todavía estamos a tiempo

Esta reflexión no pretende decir que nuestro destino esté en crisis.

Pretende decir algo mucho más importante:

todavía estamos a tiempo de evitarla.

Tulum nos ofrece una oportunidad para mirar hacia adelante.

Para preguntarnos qué queremos ser.

Y para decidir qué debemos corregir.

Tenemos que trabajar por rentas más equilibradas.

Por precios justos.

Por una oferta turística diversa.

Por experiencias que beneficien a la comunidad.

Por infraestructura suficiente.

Por calles limpias.

Por playas públicas limpias y accesibles.

Por seguridad.

Por una ciudad bien mantenida.

Y por una verdadera cultura de hospitalidad.

Pero nada de esto puede hacerlo un solo sector.

El gobierno no puede resolverlo todo.

Los empresarios tampoco.

La comunidad tampoco.

La solución requiere una alianza permanente.

Gobierno + iniciativa privada + comunidad.

Una mesa donde se hable de vivienda.

De seguridad.

De precios.

De infraestructura.

De playas.

De limpieza.

De movilidad.

De turismo.

Y del futuro.

Porque si queremos turismo todo el año, tenemos que construir un destino que funcione todo el año.

No podemos esperar a que llegue una crisis para comenzar a corregir.

No podemos esperar a que el turista deje de venir.

No podemos esperar a que el trabajador ya no pueda vivir aquí.

No podemos esperar a que nuestras playas estén deterioradas.

No podemos esperar a que nuestra ciudad pierda su encanto.

Tenemos que actuar antes.

Porque Puerto Vallarta y Riviera Nayarit tienen algo que no se puede comprar con millones de pesos de inversión:

tienen identidad.

Tienen historia.

Tienen cultura.

Tienen naturaleza.

Tienen una comunidad.

Y tienen una de las mejores cartas de presentación que puede tener un destino turístico:

La hospitalidad.

Ahora debemos preguntarnos si estamos dispuestos a cuidarla.

Si estamos dispuestos a ofrecer precios justos.

A cuidar al visitante.

A cuidar al residente.

A mantener limpia nuestra ciudad.

A proteger nuestras playas.

A garantizar seguridad.

A mejorar nuestra infraestructura.

A permitir que el turismo beneficie a toda la comunidad.

Y a entender que el verdadero éxito turístico no consiste en sacar el máximo provecho de cada visitante.

Consiste en lograr que quiera regresar.

Tulum nos está dando una señal.

La pregunta es:

¿Vamos a escucharla?

¿Qué opinas?

¿Las rentas y los precios actuales están poniendo en riesgo la competitividad de Puerto Vallarta y Riviera Nayarit?

¿Estamos cuidando suficientemente nuestras playas y espacios públicos?

¿La infraestructura está creciendo al ritmo que necesita el destino?

¿Estamos ofreciendo experiencias fuera de los grandes hoteles que realmente beneficien a la comunidad?

¿Estamos haciendo lo suficiente en materia de seguridad y mantenimiento urbano?

El debate está abierto.

Porque este destino no pertenece solamente a quienes invierten en él.

También pertenece a quienes lo habitan, a quienes trabajan en él y a quienes cada año lo eligen para vivir una experiencia que esperan recordar para siempre.

Y si queremos que sigan viniendo mañana, tenemos que empezar a cuidarlos hoy.

 

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