La fotografía como testimonio, sensibilidad y llamado de atención. Bajo esta premisa, el artista Gerardo Santillán presenta “Pájaros que lloran”, una exposición fotográfica que propone contemplar el cielo de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas desde una perspectiva distinta: la de las aves que habitan y sobreviven en un territorio cada vez más transformado por el crecimiento urbano.
A través de su lente, Santillán captura la belleza, singularidad y fragilidad de especies endémicas de la región, protagonistas silenciosas de un paisaje que ha cambiado radicalmente con la construcción y la expansión de la mancha urbana.
Las imágenes revelan una paradoja conmovedora: aves que, lejos de encontrar las condiciones ideales para su existencia, han aprendido a resistir, adaptarse y coexistir con el ser humano en un entorno que continúa modificándose.
Más que una exposición fotográfica, “Pájaros que lloran” se convierte así en una reflexión visual sobre la relación entre naturaleza y ciudad, y sobre la necesidad de reconocer aquello que comparte con nosotros este extraordinario territorio.
La muestra fue inaugurada el pasado 18 de septiembre en el Museo de la Iglesia de Guadalupe, con una nutrida asistencia y un ambiente marcado por el interés hacia el arte, la cultura y la conservación del patrimonio natural de la región.
La exposición cuenta con la curaduría de la maestra Ada O’Connor, de Plata Salada, y con el respaldo del presbítero Arturo Arana, párroco de la Iglesia de Guadalupe, cuyo compromiso con la promoción del arte y la cultura ha permitido abrir este espacio a propuestas que enriquecen la vida cultural de Puerto Vallarta.
“Pájaros que lloran” permanecerá abierta al público hasta el 3 de octubre, en horario de oficina. La entrada es gratuita y está abierta a todo público.
Además, algunas de las obras se encuentran a la venta. La adquisición de una pieza contribuye tanto a la renovación de la iglesia como al trabajo artístico de Gerardo Santillán.
Una invitación a detener la mirada, elevar los ojos hacia el cielo y descubrir que, entre el paisaje urbano y el horizonte de la bahía, todavía existe una naturaleza que pide ser escuchada.