¿Cómo hablar de sexualidad con los hijos?

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Por: LIC. PSIC. GABRIELA PORRAS RANGEL
Hablar sobre sexo con los hijos puede ser una experiencia bochornosa y difícil para el adulto. Empero, los padres deben considerar que conversar de estos temas, a temprana edad y de modo natural, ayuda a que niños y adolescentes tengan ideas claras y mayor responsabilidad sobre su cuerpo.
No es fácil, lo sabemos, y en ocasiones es imposible esconder el espontáneo rubor al pronunciar “ciertas palabras” o tener que repetir una explicación, pero es parte del ejercicio de la paternidad. Y es natural, pues la mayoría de los adultos de hoy, cuando eran niños, nunca hablaron con sus progenitores de sexo y temas afines. De ahí la inseguridad y la impresión de que se hace algo que escapa de la costumbre.
Asimismo, muchos padres tienen la idea errónea de que hablar de sexo con sus hijos puede despertar su curiosidad y dar pie a que los jóvenes tengan una experiencia prematura, o bien, que traer a la plática temas como la homosexualidad podría influir en la preferencia de sus descendientes. Este temor debe ser superado, pues múltiples estudios y experiencias demuestran que la plática honesta entre padres e hijos contribuye a retrasar el inicio de la actividad sexual, evita las conductas de riesgo y promueve la socialización sexual sana en la juventud. Ejemplo de esto es un estudio recientemente efectuado por los organizadores de la Campaña Nacional para Prevenir el Embarazo en Adolescentes, en la ciudad de Nueva York, en el que se demostró que los jóvenes de 12 a 17 años de edad saben que el sexo tiene sus consecuencias, físicas y emocionales.
De acuerdo con la información, 500 adolescentes fueron consultados, y casi el 65% de ellos desaprobaron las actividades sexuales “aún con precauciones”, si bien reconocieron la presión ejercida por lo medios de comunicación al afirmar mayoritariamente que “es penoso admitir que se es virgen”. Además, los jóvenes señalaron que la principal causa que retrasa su actividad sexual es el temor al embarazo y a contraer alguna enfermedad venérea, así mismo admitiendo que sus padres influyen sobre sus conceptos acerca del sexo y la abstinencia. “Aún si los padres creen que sus hijos no los escuchan, se sorprenderían de lo realmente interesados que estamos”, comentó una de las chicas entrevistadas, en contraste con el resultado total de la encuesta: casi 36% de los adolescentes afirmó que nunca han tenido una “conversación útil” sobre sexo con sus progenitores. “A mí nunca me hablaron de sexo; por eso ahora soy padre”, afirmó uno de los adolescentes de 17 años.
Una conversación para cada edad
Considerando lo anterior y el que los hijos al no encontrar información al respecto en casa la buscan en amigos u otros adultos, mismos que suelen manejar conceptos erróneos o distorsionados, es responsabilidad de los padres asumir como propio, contribuir en la formación de sus hijos, desmintiendo información errónea y proporcionando datos fidedignos, sin llegar a intervenir en sus futuras decisiones, aunque ello sea difícil.
• En primera instancia, los padres deben considerar utilizar un lenguaje acorde a la edad. Cuando son pequeños y empiezan a reconocer su cuerpo (0 a 2 años), se establece la conciencia sobre su corporalidad, se da la autoexploración; siendo entonces, en los rituales diarios de  aseo o vestimenta que se nombran las partes del cuerpo correctamente y de manera natural: “Estas son tus manos, aquí están tus pies, aquí tu pene, o aquí tu vulva/vagina”. De esta manera se consigue que el hijo aprenda las partes de su cuerpo con el vocabulario correcto. Entre los 2 y 3 años las diferencias de género son entendidas por los niños a partir de las características exteriores de vestimenta y actitudes, es por ello que resulta vital no bromear o agredir al niño con alusiones a convertirse en niña por llorar o ponerle moños o coletas para que parezca niña, en sí, él cree que eso si puede pasar.
• Cuando son más grandes (3 ó 6 años) han aprendido a identificar las diferentes partes del cuerpo de manera más clara, gracias a actividades rutinarias como lavarse las manos o cepillarse los dientes, de modo que también empiezan a conocer las diferencias de género. Comenzando entonces a aparecer preguntas como: “¿Por qué yo tengo pene y las niñas no?”, “¿por qué mamá tiene senos y papá no?”. Para ello es necesario estar preparados para estas preguntas y responder en forma clara, natural y sin mentiras, ejemplo: “Los hombres y las mujeres son diferentes y el pene y la vagina son sus partes más diferentes”. Los senos en las mamás crecen para amamantar a los niños, las mamás se encargan de eso” Recurrir a los animales para explicarlo es más claro y fácil de manejar, ejemplo: “¿una vaca y un toro son diferentes?, los niños y niñas también son distintos” “quién alimenta a los cachorros es la perrita y lo hace con sus tetillas, como las mamás, con sus senos alimentan a los bebes” es importante verificar el sentido de la pregunta y cuanta información tiene, a través de: ¿para qué crees que sirvan?. Resultando con frecuencia la exploración entre ello o la autoestimulación como modo de gratificación o manejo de la ansiedad, se determina como sintomática cuando es altamente frecuente y en todo lugar.
• Durante la primera fase de la edad escolar (6 a 8 años), las preguntas de niñas y niños no son iguales, pues los chicos son más ingenuos que ellas y no presentan demasiada curiosidad hacia el tema. Son conscientes de que existen diferencias entre hombres y mujeres, su interés es sobre la fisiología del cuerpo para que sirve y como funciona. Las explicaciones deben ser cortas, claras y concretas,  evitando detalles innecesarios (términos y descripciones médicas) esto es contestando sólo lo que se pregunta; considere que los pequeños a esta edad sienten más curiosidad por las partes de su cuerpo, no por el sexo en sí. Nuevamente, todo ejemplo tomado de la procreación de los animales para explicar la sexualidad humana es válido, siempre y cuando al niño le quede clara la información.
No debe recurrirse a mentiras y en cambio explicar con paciencia, tomando la relación de pareja (matrimonio) como modelo, sin ser la respuesta a lo personal, es correcto decir “los padres…” en vez de “tu papá y yo…”, otra respuesta propia para la edad sería: “los padres se quieren mucho y se lo demuestran con abrazos y caricias, y que todas las parejas lo hacen de esta forma u otras similares, y cuando están listo y tienen todo para cuidar al bebe deciden tener un hijo y entonces parte del cuerpo del papá entra al cuerpo de la mamá en un abrazo muy fuerte”. Recordemos que debe hablarse de amor, cariño, responsabilidad  y respeto como base de la relación sexual”, lo que permite con el tiempo se pueda profundizar en el tema del sexo propiamente dicho.
• Cuando el niño llega al período previo y de inicio a la pubertad (9 a 12 años) es muy probable que haya hablado con sus amigos y compañeros de clase sobre sexualidad. También es posible que tenga creencias erróneas y que esté confundido en algunos aspectos, de modo que tratar el tema a estas alturas es muy diferente a cuando eran pequeños.
Es bueno abordar el tema en forma relajada y aprovechar alguna oportunidad, como al escuchar una noticia sobre sexualidad que se dé en los medios de comunicación o el nacimiento de un bebé no planeado en un menor de edad para crear una discusión en torno al tema; siempre se debe ser muy honesto en las respuestas y dejar claro que se puede volver a esta conversación en nuevas oportunidades. A final de este periodo ya se puede hablar de SIDA y embarazo, así como de métodos anticonceptivos y prevención enfermedades de transmisión sexual. Es positivo tratar estos temas en momentos de tranquilidad y no cuando existen conflictos.
• En la adolescencia (13 a 18 años) la sexualidad se vuelve un aspecto preocupante para la mayoría de los padres, pues sus hijos comienzan a salir sin su total supervisión de sus actividades. A pesar del constante bombardeo en medios de comunicación (películas, series televisivas) deben evitarse actitudes aprehensivas y, más bien, partir del hecho de que sus hijos han crecido y ya no son niños y por ello deben ser tratados como adultos que dentro de poco se enfrentarán a situaciones desconocidas y asumirían responsabilidad, es necesario ser enfáticos y claros en las reglas y limites de casa y convivencia. Aquí se verá reflejada la relación que han mantenido los padres con sus hijos: si el diálogo ha sido positivo y abierto, los adolescentes recurrirán a ellos porque sabrán que cuentan con apoyo y ayuda. En cambio, si nunca ha existido una relación de sinceridad, el joven buscará información con otras personas o en medios como revistas o Internet, con el riesgo de que, ante la abundancia de información, carezca de la capacidad de discernir entre datos objetivos y útiles y los difundidos irresponsablemente.
Recuerde, la sexualidad es un aspecto importante en la vida de todo ser humano, y los padres pueden contribuir a que sus hijos la vivan  a su tiempo con plenitud, pero también con responsabilidad, y sin que la precocidad o promiscuidad elimine la posibilidad de un futuro brillante por una enfermedad,  embarazo o paternidad anticipada. El dialogo ante el tema de la sexualidad será de forma VERDADERA, CLARA y NATURAL.
LIC. PSIC. GABRIELA PORRAS RANGEL
Directora General
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