EL HISTRIONISMO DE DONALD TRUMP

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Javier Orozco Alvarado
El histrionismo de Donald Trump, el candidato republicano que aspira gobernar a los Estados Unidos, está generando mucho nerviosismo en muchos países del mundo por su actitud racista y beligerante, pues no sólo está en contra de los migrantes hispanos sino también de los musulmanes y de todos aquellos que pretendan pisar ilegalmente el suelo norteamericano.
Tanto la Gran Bretaña, como Alemania y Francia, están preocupados por la posible influencia que pueda llegar a tener su actitud racista entre los partidos y los sectores más xenofóbicos de esos países. Tal preocupación se está extendiendo no sólo entre muchos de los ciudadanos sino también entre los empresarios y los mercados financieros del mundo.
En realidad, según la opinión de algunos especialistas en transtornos de personalidad, no sería el primer presidente sicópata en la historia de los Estados Unidos; pues se cree que desde George Washinton hasta George Bush, todos han tenido alguna sicopatía. Simplemente, recordemos el escandaloso episodio amoroso de Bill Clinton con Mónica Lewinsky.
Ante tales antecedentes, no sería de extrañar que un individuo racista, narcisista, histriónico, libidinoso y antisocial ocupara la Casa Blanca. Sobre todo considerando que los Estados Unidos ha sido uno de los países de la historia en donde costó más trabajo acabar con la discriminación y donde, aun teniendo actualmente un presidente de color, el racismo sigue prevaleciendo en la cultura norteamericana.
Por eso, igualmente, no nos extrañe que el pueblo norteamericano pudiera llegar a votar a favor de un presidente de mentalidad sicopática que pondría al mundo de cabeza ante su frenética actitud belicosa, racista y proteccionista.
Lo que nos queda muy claro es que, por el momento, su patológico histrionismo es una estrategia mercadotécnica para llamar la atención del mundo y de los electores norteamericanos; una estrategia muy ordinaria y común de casi cualquier político de nuestros tiempos.  Sobre todo porque sabe perfectamente que los Estados Unidos, y el mismo, han sido los grandes beneficiarios del liberalismo económico y la apertura de fronteras a los capitales, el comercio y a las inversiones en todas partes del mundo.
Al país que menos le conviene volver al proteccionismo es a los propios Estados Unidos; ellos controlan casi el 80% de las empresas que están dispersas por todo el mundo. No pueden cerrar sus fronteras para volver a la autarquía porque dependen de las materias primas, de partes, de componentes y de productos finales que producen sus empresas en todo el mundo.
No creo que, aunque camine con bandera de esquizofrénico, no entienda el funcionamiento de la economía mundial, sobre todo él que tiene grandes inversiones en empresas y en territorios en muchas partes del mundo. Simplemente, pretende ganar una elección a base de la promesa de lograr la recuperación económica, el empleo, la inversión y el consumismo al que están acostumbrados.
La recuperación económica ya no se logra en estos tiempos con actitudes fascistas, aunque siga siendo políticamente rentable. Tienen más que perder los norteamericanos que el resto de los países del mundo; ellos necesitan seguirse expandiendo; cerrar sus fronteras sería su asfixiamiento. Hay que entenderlo, está en campaña, tiene que prometer algo, como lo hace cualquier personaje de la clase política que tiene en sus manos el control del mundo o el de cualquier país que exista hoy sobre la tierra. Aun así, esperemos que no llegue a la Casa Blanca, pues sería extremadamente belicoso como lo fueron los Bush, padre e hijo.
Jueves 19 de mayo de 2016.
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