EL PODER DE LA CORRUPCIÓN EN EL DETERIORO DEL TEJIDO SOCIAL

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Javier Orozco Alvarado
La corrupción se ha instalado en muchos países como una nueva cultura; una cultura que se ha convertido en una de las principales prácticas políticas y sociales para alcanzar el poder o para hacer dinero de la noche a la mañana. Es hoy en día un fenómeno tan extendido y tan complejo que ha llamado la atención no sólo de economistas, sociólogos, antropólogos o politólogos, sino también de sicólogos, neurólogos y sicoanalistas.
La interpretación que hacen los neurólogos y los sicólogos de la corrupción es que es una práctica asociada a problemas múltiples de personalidad, sobre todo en aquellos individuos que han desarrollado una extraordinaria capacidad de intrusión o de manipulación desde la infancia. Si bien en la edad temprana, sobre todo en la primera infancia, todos hacemos uso de ese recurso; pero al mantener esa conducta en la edad adulta, esa práctica se convierte en una verdadera patología.
De hecho, es muy común que entre la clase política, no todos, pero si muchos de ellos, recurran a la corrupción o a la complicidad para lograr objetivos de carácter económico o político. Por eso, hoy en día, el logro o la conservación del poder político es producto de sistemas antidemocráticos disfrazados de una participación autónoma que está dirigida desde los mismos centros del poder.
La no reglamentación o la reglamentación, se han convertido en instrumentos para la flexibilización o victimización de muchas prácticas económicas, políticas y sociales que dan pie a la corrupción, el tráfico de influencias o la complicidad. Por eso, en el caso de la industria de la construcción, la existencia o no de reglamentaciones ha favorecido en nuestro país el enriquecimiento desmedido de quienes se hacen cargo de los gobiernos estatales o municipales.
Pero la corrupción y el tráfico de influencias no sólo están relacionados con intereses económicos sino también políticos. Tal es el caso de la decisión del presidente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, de retirar la candidatura a tres candidatos a alcaldías en el estado de Tamaulipas por sus vínculos con el narcotráfico.
La realidad es que en este país el éxito económico rápido y el poder político desmedidos se han convertido en una de las grandes aspiraciones de cualquier ciudadano, por eso se han construido y estructurado grandes mafias que deciden los resultados electorales, el rumbo de la economía y de los gobiernos.
En muchos países, y el nuestro no es la excepción, la administración pública y la gestión de las organizaciones se han convertido en uno de los principales espacios para la vinculación entre el poder económico y político, sobre todo porque ha sido una manera de lograr el éxito sin grandes esfuerzos educativos.
Esta nueva cultura sólo refleja la capacidad que han desarrollado muchos individuos para manipular y dirigir las conductas, las aspiraciones, los intereses y las acciones de los demás para alcanzar sus propios logros; da muestras de aquellos individuos que han desarrollado, más que la inteligencia, la astucia para lograr sus propios fines utilizando a los demás.
Es por eso que ahora existe en casi todos los países del mundo desarrollado cierta preocupación de neurólogos y sicólogos por entender las cusas, sicológicas, familiares, sociales y del entorno que influyen en estas prácticas cada vez más extendidas socialmente y que están generando mucho sufrimiento, mucho miedo, mucha exclusión social y mucha violencia.
Esperemos que la humanidad vuelva nuevamente a reencontrar el rumbo para instaurar muchos de los valores que se han perdido (honestidad, lealtad, gratitud, respeto, equidad, justicia, respeto, etc.) y que las instituciones cumplan con el objetivo de servir al ciudadano y al desarrollo pleno de las capacidades emocionales e intelectuales de los individuos para recomponer nuestro deteriorado tejido social.
Jueves 12 de mayo de 2016
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