Información y cambio

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Si el modelo ideal de un periódico es alejarse, lo más posible de la propaganda, porque lo suyo es informar con imparcialidad y ser espacio respetado para la libre confrontación de opiniones; es difícil determinar, en nuestro caso, cuánto y qué sentido hemos participado, con nuestra información periodística, en los evidentes cambios que están dándose en esta región.
En mis tiempos las investigaciones pioneras de Paul Lazarfield, respecto a cómo sucede la influencia de los medios en los cambios de opinión, dentro de una comunidad, nos ilustraron respecto al flujo de información en dos etapas: de los medios a los bautizados por Lazarfield como “líderes de opinión” y de esos líderes a las personas que se acercaban a preguntarles, sobre tal o cual área de su interés.
Desde entonces aceptamos que aparecemos para todos, reporteamos, opinamos, redactamos, editamos y publicamos para todos, pero cuando influimos, lo hacemos a través de estos intermediarios, tan costosos para identificar, pero que son personas expuestas a toda clase de medios, buena socialización y pertenencia desde hace tiempo en el lugar.
Hace 35 años, iniciamos en Puerto Vallarta la publicación del primer periódico diario que apareció en este lugar: desde entonces, no hemos fallado mañana alguna, hasta la fecha.
Por supuesto que Puerto Vallarta no era lo que ahora es. Tuvimos la fortuna de vivir y reportar el explosivo y desordenado crecimiento, con sus ventajas y fuertes cargas que nos tienen donde ahora estamos.
Venía yo de trabajar en diarios de Guadalajara, por lo que aquí tuve que aprender a ser multifuncional: reportear, redactar, corregir, salir a vender los pequeños anuncios, vigilar la impresión, para al día siguiente luego de haber despachado a los voceadores, cargar el carro con lo mejor impreso y salir al reparto selectivo entre las personas y sitios donde me importaba circular. Lo usual, cuando entonces se iniciaba un pequeño diario.
Desde un principio, la apuesta fue a que la industria del turismo llegaría a superar con mucho, lo existente en cuanto a comercio regional, agricultura tipo “republica bananera” y lo poco de pesca que caracterizaban al “balneario”.
Para entonces ya habían puesto en el mapa del jet set a Puerto Vallarta, el genio de la dirección fílmica John Houston, el encanto de mujer que fue Liz Taylor —-comadre o madrina de no pocos vallartenses—, el drama hamletiano viviente Richard Burton, la todavía guapérrima Ava Gardner y toda esa larga lista de celebridades que nos favorecieron con su sincera amistad, bien correspondida.
Circulaban periódicos semanales que daban preferencia al: “acosola. violola, matóla, enterrola”, Periodismo entre amarillo y rojo, de cuando en cuando enaltecido con nobles cruzadas, como aquella cuando, para protestar contra el alcalde por el descuido en el aseo público, los más conocidos vecinos, salieron escoba en mano a limpiar los espacios comunes, con el aplauso de la población y el disgusto del presidente municipal que reaccionó metiendo a la cárcel a la “sociedad civil” de aquel entonces.
Igualitarios, combativos, democráticos y maravillosamente hospitalarios, siempre han sido los lugareños, los “patasaladas”, armoniosa unidad de la alegre y nada formal cultura de la costa occidental mexicana, con la severidad, religiosidad, laboriosidad de los pobladores de la montaña cercana, con sus pueblos mineros, centros religiosos relevantes, disposición al esfuerzo, ahorro, familia y costumbres. Magnifica mezcla a la que nos hemos ido sumando los adoptados, venidos de diferentes rumbos, países, educaciones y estilos.
Tuve la fortuna, hace todos esos años, de cubrir, como reportero, una de las primeras manifestaciones de anhelo de democracia interna en el PRI — en el PRI de entonces, tan parecido por cierto al de los primeros días de este marzo— exigiendo votación interna para elegir candidato a alcalde; elección abierta, con votos contados y que cuenten. Contra la decisión del Gobernador del Estado, de los principales líderes obreros de Jalisco y la región, de influyentes señores del dinero, los vallartenses eligieron a un joven abogado, de familia campesina quien, tras doce agotadoras y sudadas horas de asamblea y votación en una sala de cine, venció en la transparencia al favorecido por el “primer priista del Estado” y los distinguidos priistas, líderes del partido, por cierto, ahí presentes en el honorable presídium.
El hecho inusitado, correspondió a la forma de ser de la gente de aquí. Por eso, cuando años después vino la alternancia en el poder, con toda naturalidad empezó el: un trienio para ti, dos trienios para mí, que hasta ahora funciona.
Con ese perfil de políticos y la industria turística en actividad ascendente, por supuesto que sobraba material para tener un contenido interesante, trascendente; mucho más allá del amarillismo y la nota roja.
Para entonces todavía las cuestiones ejidales eran de primera importancia en la vida económica de la región. Pero ya la mancha urbana se extendía por donde antes había cultivos de frijol, sandia, maíz, plátano y los ejidatarios saltaban a fraccionadores, con el “Fideicomiso” que les permitía legalizar sus ventas de tierras ya urbanas.
Por supuesto que llegó pronto el momento en la diversidad cedió y el turismo se convirtió en la industria predominante y todavía única para sostener a los anteriores, mas miles y miles de nuevos habitantes que llegan a la industria de la construcción y se asientan moviéndose hacia la industria turística. Botón de muestra, es el caso de quien hiciera carrera como director de Relaciones Publicas del hotel “Camino Real”, hombre de trabajo llegado a Puerto Vallarta para emplearse en la albañilería. Le tocó participar en la edificación del elegante hotel en el que hizo realidad sus sueños.
Desde entonces, para mí era algo inexplicable que los diarios de destinos turísticos tradicionales, como Mazatlán, Manzanillo, Acapulco, sólo de casualidad cubrieran la información sobre turismo. Dominaba la idea de que las publicaciones de turismo eran de publicidad y en inglés. Nada que ver con el verdadero periodismo.
Ignoro si hasta el momento, pero cuando los tianguis turísticos, hubo años en que “Vallarta Opina” era el único diario con información y opinión al día, sobre la industria turística. En concreto: de esta región.
Llegamos a eso, porque nuestros lectores, como toda la población, dependemos en todo de la industria turística, tan noble como delicada. Una industria a la que todo le afecta, desde el clima hasta el aseo de la calles, ya no digamos las epidemias, las tarifas aéreas, la seguridad, las crisis económicas en varios países, la calidad en el servicio, la imagen, etcétera, etcétera, etcétera.
Pensábamos que la agricultura era complicada y ahora sabemos lo que es complejo, cubriendo todo cuanto importa a una ciudad y región que vive del turismo.
Si me preguntan cuánto ha influido nuestra información en los cambios que ha tenido Puerto Vallarta. La respuesta honesta es que no lo sabemos.
Como todos, suponemos que nuestro criterio para jerarquizar la información y nuestros enérgicos editoriales, alentando a abandonar lo que no ha dado resultado, en algo pueden empujar a considerar la conveniencia de los ensayar los cambios.
Pero también estamos muy conscientes de que los medios reflejamos las formas de pensar muy arraigadas en nuestro público, por lo que el mensaje diario, en conjunto, tiene que incluir material que refuerza tradiciones, formas de pensar arraigadas, junto con la información sobre nuevas tendencias, urgencias de cambios, transformaciones impulsadas por los avances tecnológico, casos de logros obtenidos mediante el cambio y todo lo que es “novedad”, esencia de lo periodístico.
Un amigo coreano, experto en Comunicación y Desarrollo, altamente experimentado en promoción del cambio, me comentaba “en peras y manzanas”: El gran reto del reformador o el revolucionario, es estar segur en qué resulta urgente conservar y en que resulta urgente cambiar; para luego dedicarles el mismo impulso a las dos tareas, al mismo tiempo.
Frente a enfoques radicales que de entrada dividen, lastiman y refuerzan la resistencia al cambio, esta visión práctica me parece la más conveniente, sobre todo donde la veneración al pasado resulta hasta enfermiza.
Algo así como: vamos a restaurar y conservar la pirámide, para eso vamos a cambiar estas chozas por una colonia moderna y cercana, vamos a tener hospedaje para que vengan a admirar nuestra pirámide; vamos a capacitarnos en otros conocimientos y otros lenguajes; vamos a dejar de sacrificar doncellas en el cenote, porque eso es intolerable para quienes vienen a meditar en nuestra pirámide… etc. etc.
Me parece muy inteligente ese enfoque.
Entiendo que en la teoría se refieren a él, como aprovechamiento del orgullo por tradiciones y costumbres, para inculcar la “Necesidad de Logro”, en una población conservadora.
Si partiendo de conservar lo que vale la pena, sacan de la inercia y sobre todo de la indolencia a las buenas personas, la desventaja de la arraigada tradición se vuelve el gran elemento a favor del cambio que se sostendrá consistente.
Quiero decir que muchas veces se señala a los diarios, sobre todo de ciudades medias, como reforzadores del inmovilismo, al privilegiar, como la escuela tradicional, la repetición de temas y enfoques que perpetúan formas de pensar y de ser. Se nos dice que los diarios, en lugar de privilegiar las nuevas tendencias, prefieren repetir lo aceptado, reforzando así las creencias y conductas dominantes.
Eso es real, criticable y auto criticable, pero volvamos al principio: un diario lleva información y es espacio de intercambio de opinión de su público y de lo que interesa, gusta o inquieta a su público. Si el diario no sintoniza con las expectativas de su público, caerá en la impertinencia, abandonara el objetivo de ser medio para mayorías; en el mejor de los casos, terminará como prensa radical, para minorías súper convencidas, devocionario para agentes del cambio, admirables personas, pero nada apetecibles como consumidores, para los anunciantes que buscan llegar a un gran público, sin grandes problemas existenciales, buenos consumidores, con lealtades a las marcas.
Una publicación periódica doctrinaria, sirve para convencer a los convencidos, para mantener viva la llama de la creencia, pero no para satisfacer expectativas de las mayorías y de los anunciantes que necesitan llegar a esas mayorías.
En otras palabras: comprendo las exigencias y las urgencias de los entusiastas agentes del cambio, pero a ratos tengo la impresión de que sobrestiman la influencia de los medios y al estilo del predicador decimonónico, achacan cómodamente todos las carencias y males sociales a “la mala prensa” o ahora “al libertinaje de prensa, radio y televisión”, olvidándose del internet que se les metió hasta la cocina.
Quiero decir que hay mucho mito y mitote, respecto al tema toral de la influencia de los medios, sobre todo en culturas o casos específicos.
Aquí “las cosas ya no son como antes”, pero no es por la “influencia de la prensa, radio y televisión”, como le dijeron a aquel candidato en Estados Unidos: “¡Es la economía, estúpido!”, Los cambios acelerados en la economía regional, la intensa industrialización turística moderna, cambio hábitos, jerarquías, conductas imperantes, costumbres y visiones de la vida. A unos kilómetros de aquí, brincando los cerros, están comunidades pertenecientes al mismo Jalisco, enlazadas con las grandes cadenas de televisión nacional, añorantes también de Chespirito, es decir, bajo la influencia de los medios electrónicos; visítenlas, porque además, son preciosas como San Sebastián, para que en unos minutos ustedes se remonten al siglo pasado y antepasado.
Están igual de expuestos a los medios y en lo fundamental, siguen igual generación, tras generación, pero además, dándole un elevado valor a continuar en lo mismo.
Caemos entonces en el lugar común de que el asunto es “complejo e interdisciplinario”.
Pero en lo referente a Información y Cambio, más complejo e interdisciplinario es transformar la mentalidad oficial en México, respecto al sector turismo y a su potencialidad, como plataforma de lanzamiento, en una posible modernización de nuestro país.
Ese ha sido uno de los temas predilectos de Vallarta Opina, en cuanto a clamar en el desierto, como promotores del gran cambio.
Para no despertar sospechas de americanismo, neoliberalismo o compañeros de banca en Yale de Zedillo y en Harvard de Felipe Calderón, nos hemos remontado a los años posteriores a la última gran guerra, a los años de la extrema pobreza española, bajo la dictadura conservadora de Franco. Retardatarios, tradicionalistas, orgullosos y empobrecidos, pero además, en lengua castellana para que el caso sea mejor entendido.
En esas condiciones, les llegó el momento de dejar de hacer lo mismo, para ya no tener los malos resultados de siempre. El ministro Fraga, propuso al dictador un plan para salir de pobres: unió ministerios de información y turismo — si, de turismo —- y en base de la apertura de España al turismo, hizo el gran cambio gradual, con una prosperidad que les duró hasta estos últimos años, cuando les llegaron las consecuencias de no saber administrar la prosperidad y endeudarse como nuevos ricos.
Conste que el gran salto, desde la plataforma de la industria turística, no sólo los saco de la pobreza ancestral, también los sacó del aislamiento — a no pocos los sacó del Medievo, donde seguían indignados, discutiendo sobre si el tamaño de las alas de los ángeles, mientras otros ya en plena “época moderna”, seguían recordando las glorias de España, las de “aquellos machos que inventaron América”  como puede leerse en “El miajar de os castuos”—-.
Aprovechando la cercanía de países prósperos y de largo invierno, España utilizó a su favor “ser diferente”; lo que le había afectado. Utilizo su sol mediterráneo, sus culturas tan delineadas, Ojo: ¡sus tradiciones! …. Y en cuanto el turismo se volvió industria moderna, a su imagen empezaron a actualizarse todos los demás aspectos de la vida de aquel país.
Nosotros tenemos aquí la cercanía geográfica con el mayor y más rico mercado turístico del mundo. Un mercado competido por atractivas ofertas de países que están “al otro lado del mundo”. Nosotros estamos a minutos, a hora o horas de vuelo y hasta de rodar por la carretera. Los tenemos aquí… y más provecho les saca España para desarrollarse que nosotros sus vecinos y socios comerciales.
¿Por qué no dejar de pensar, desde el gobierno, en el turismo, como “bronca de hoteleros”, con frivolidad, como asunto menor en nuestra realidad y proyecto?
Cuando la “crisis global” de la década pasada, el primero proyecto de Calderón, “para ahorrar”, fue suprimir la Secretaría de Turismo. (Algo así como prescindir del brazo, para quitarse el dolor en un dedo) Ante el clamor y los argumentos, el mismo Calderón terminó repitiendo la idea luminosa de utilizar la industria turística, como “locomotora de nuestro desarrollo”; para luego seguir en las frivolidades, de personalmente debutar como modelo en los comerciales para promover turismo y en aquel episodio televisivo donde practicaba deportes casi riesgosos, según eso, para hacer olvidar extendidas impresiones de riesgos ante la noticias sobre crimen organizado.
Hasta ahí dio la idea de Turismo y Cambio, en el sexenio pasado.
Y como dije al principio, no sabemos, no tenemos investigación, carecemos de evidencia, respecto a quien inversionista, a quien hotelero, a quién empresario inmobiliario, a quién promotor de la economía en el Estado o Municipio, hayamos llegado e influido con nuestras opiniones, pero lo que sí sabemos es que mientras en nuestro país, el círculo cercano al Ejecutivo y el Presidente mismo, no visualicen la industria turística, como algo al alcanza para impulsar el gran cambio en nuestro país, el mismo turismo seguirá dando batallas heroicas, en la competencia global y enfrentando la amable distorsión de que esto de se trata de manos heladas por los wiskeys y siesta bajo las palmeras.
Y no le sigo, platicando respecto a todo el contagio, respecto al anhelo de cambio que trae el turismo, con la cercanía amable, con otras culturas, porque atraería sobre esta actividad la angustia de quienes, sinceramente, consideran como atentatorio a nuestra identidad nacional que los muchachos aprendan un segundo idioma, si es el inglés y además computación que los mete al casi infinito pluralismo en el que se navega por internet. Demasiado para mentalidades responsables de que las mujeres no aprendan a escribir.., porque le escriben al novio y “se van de juida”.
No necesito remitirnos a Samoa, paraíso de turistas y académicos investigadores sobre los efectos interculturales de la información de la “industria de la persuasión”. Pero la amistad, la convivencia, el simple conversar de lo propio con personas de otras culturas, genera un nueva actitud hacia la apertura, ganas de saber más, gusto de ponerse al día, es el fin del aislamiento, el prejuicio y hasta de la baja estima.
Ignoro en cuantos medios mexicanos, tenemos como tema importante para nuestro público, el de Turismo y Desarrollo. Incluso en otras ciudades, destino turístico de nuestro país, no lo vemos tratado, Tampoco es tema socorrido de discursos o discusiones, cuando se habla de los urgentes cambios estructurales, reformas imperiosas que nos van a sacar de pobres y desempleados, para convertirnos en potencia mundial.
Como dejó la impresión, el tema es de lo más estimulante, digno de ser retomado muy en serio por los académicos de estos rumbos.
Necesitamos mucha ciencia social aplicada, para dejar de jugar al “me late” o seguirle a “prueba-error”. “prueba-error” hasta atinarle, como los médicos de antes de los análisis clínicos.
Agradezco la invitación a participar en evento tan valioso como entrañable, Muy pocas oportunidades tenemos de hablar en serio, respecto a esencia y trascendencia de lo que a diario hacemos.
Lo he disfrutado enormidades.
Agradezco su atención y tiempo.