LA CULTURA DE LA SIMULACIÓN

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Javier Orozco Alvarado
Nunca ha sido mi intención que la gente crea todo lo que opino; solo trato de conectar con aquellos con quienes pueda tener algunas coincidencias sobre muchos de los  temas económicos, sociales, políticos, culturales, educativos y familiares que nos afectan a los mexicanos y a muchos otros ciudadanos del mundo.  En mi opinión, cada día se extiende más la cultura de la simulación. La gente simula que estudió una carrera o un posgrado; que  es honesto,  hogareño,  solidario, generoso, humanista, altruista y todo lo que tenga que ver con ganar la simpatía de los demás para lograr ciertos fines.  Así es la política, los partidos y los grupos de poder.
Por eso, no deja de sorprender la cantidad de partidos políticos que se han apuntado para contender en las próximas elecciones del 7 de junio; ni la cantidad de personas que proliferan alrededor de los candidatos de muchos partidos que sólo forman parte de la simulación democrática que vivimos en el país.
De hecho, muchos de los nuevos o pequeños partidos políticos que habrán de contender en el próximo proceso electoral, están conscientes de que posiblemente no mantendrán ni siquiera su registro; pero estarán desempeñando el papel para el que fueron creados. En primer lugar, para vivir del presupuesto que se asigna a los partidos políticos para la contienda electoral y, en segundo lugar, pulverizar el voto para favorecer a uno de los dos o tres grandes partidos que estarán en la disputa por el poder para las próximas elecciones.
Es tan lucrativo el negocio de las elecciones que no sólo los partidos, sino muchos de sus seguidores, obtienen algún beneficio del enrome presupuesto que les asigna el Instituto Nacional Electoral (INE).  Simplemente, para este año, el presupuesto casi se duplicó, respecto al presupuesto de 2013, al alcanzar una cifra de más de 5 mil 350 millones de pesos.  Cuestionable o no, el costo de nuestra democracia es muy elevado.
Pero es tan irracional y tan lucrativa nuestra democracia que en estas próximas elecciones participarán a nivel nacional diez partidos políticos; pero el mayor absurdo es que existen registrados en todo el país no menos de otros veinticinco partidos políticos locales.
La realidad es que más gasto en elecciones o más gasto en financiar cada vez más partidos políticos no perfecciona un sistema democrático; si lo perfecciona la participación ciudadana, porque con su voto puede decidir relativamente el rumbo del país y el de las  comunidades locales.
Por eso, en estas próximas elecciones, es importante votar; pero votar conscientemente, por aquellos candidatos que pueden significar la continuidad de un gobierno o por aquellos que pueden significar el cambio. Es importante el perfil del candidato, pero es más importante  saber quiénes están detrás de ese proyecto, quiénes participan y cuál es su propia trayectoria.
El abstencionismo implica favorecer el triunfo de quienes no queremos que nos gobiernen; al igual que se pierde un voto cuando lo hacemos por los partidos pequeños. Por eso, para consolidar nuestra democracia tenemos que impulsar nosotros mismos un proyecto democrático de orden bipartidista, para evitar la práctica simuladora de los partidos oportunistas.
Acabemos con la cultura de la simulación, hagamos a un lado a quienes aprovechan las coyunturas electorales para lucrar con el presupuesto que se asigna a los partidos; pero también hagamos a un lado a quienes simulan participar en favor de los candidatos, que más que representar una opción, significan la oportunidad de salir temporalmente de las filas del desempleo, del anonimato o la inactividad.
Salgamos a votar, no nos dejemos arrastrar por la cultura del  abstencionismo o el desánimo de no encontrar otras  opciones. Votemos por quienes pueden ganar, no por quienes saben que van a perder.