LA CULTURA DE LA VIOLENCIA

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EN LA OPINIÓN DE DR. JAVIER HD
 
La violencia en nuestro país en es un terrible mal que se desató incontrolablemente desde la administración del presidente Felipe Calderón, a partir de que declaró abiertamente la guerra contra el narcotráfico.  Desde entonces, la violencia se ha extendido en todo el país y  hacia todos los sectores de la sociedad; no sólo en contra de la delincuencia, sino hacia la población en general, las mujeres, los jóvenes y los niños.
Hoy por hoy nos enfrentamos a la cultura de la violencia, porque la violencia está en todos lados; entre delincuentes y autoridades, entre autoridades y  ciudadanos,  entre policías y adolescentes entre hombres y mujeres, entre padres e hijos y entre los propios niños en las escuelas.
Todos estos tipos de violencia son preocupantes, pero lo que más preocupa es la violencia contra los niños, pues se calcula que el 60%, estos es,  seis de cada diez niños, sufren de maltrato infantil en México.
El maltrato,  en general,  puede presentar distintas formas y niveles, como son el maltrato físico y el maltrato emocional.  En lo particular, el maltrato infantil es todo aquel acto de agresión intencional  para inmovilizar, someter, controlar o causar daño físico al infante.
El otro tipo de maltrato, igualmente dañino o más, es el que se ejerce contra los niños a través de  prohibiciones, coacciones, condicionamientos, intimidaciones, amenazas, actitudes devaluatorias o de abandono, que provocan el deterioro de su autoestima,  un daño a la estructura de su personalidad y sufrimiento.
Ningún niño se merece malos tratos, agresiones, golpes o vejaciones; todos ellos, niños y niñas merecen respeto, merecen nuestro amor y nuestro cariño. Si no sentimos amor por ellos, por lo menos hay que respetarlos.
El maltratar,  gritar, sacudir, empujar, nalguear, sujetar fuertemente, dejarles sin comer, castigarlos, encerrarlos o humillarlos es un acto de cobardía; es de gente inhumana, es de gente salvaje, que no respeta el derecho que tenemos todos a la vida.
Y es que en nuestro país esta cultura se ha extendido de manera casi generalizada. Según la FUPAVI (Fundación en Pantalla Contra la Violencia Infantil), entre 2008 y 2012, los infanticidios ocuparon la cuarta causa de muerte entre la población infantil, esto es, un nivel más alto que las muertes naturales, que fueron la quinta causa de muerte de niños y niñas en México.
Aunque las causas del maltrato infantil son muy diversas, la realidad es que muchas veces se asocia con hijos nacidos de embarazos no deseados,  con violaciones, con madres menores de edad, con hijos adoptivos, con familias que habitan en condiciones de hacinamiento, con  hogares desintegrados o con familiares que suelen consumir drogas o alcohol.
Esto no quiere decir que la violencia contra los niños sea un fenómeno relacionado  exclusivamente con  la pobreza o que sea exclusivo de los sectores menos favorecidos, ya que este se presenta en todos los niveles socioeconómicos.
La realidad es que  este fenómeno es un problema de carácter no sólo sociológico o cultural, sino conductual; es decir,  que quien ejerce conductas de violencia no sólo hacia los niños, sino hacia cualquier otra clase de persona, sean hombres, mujeres o niños, son personas que no desarrollaron la suficiente capacidad para relacionarse sanamente, en un ambiente de respeto, de tolerancia y de amor. Todos esos padres, familiares o adultos maltratadores, sólo aprendieron a comunicarse con violencia, con agresiones y con malos tratos.  No nos extrañe entonces, que todos esos delincuentes, violadores o maltratadores, sean personas que no recibieron amor sino tratos inhumanos y desprecios de su propia familia, de sus propios padres.
Por eso, si queremos cambiar este país, si queremos que la delincuencia y la violencia deje de prevalecer en las calles, eduquemos a nuestros hijos de manera distinta, dejemos de violentarnos en el seno familiar.   Enseñémosles el respeto, la tolerancia los valores humanos que le engrandezcan y le permitan tener una vida digna en su infancia y en su edad adulta.  Propongamos a que la mala educación no comience en casa, para que después no se ejerza en la calle y termine en tragedia en un hospital, el panteón o en la cárcel.