LA EDUCACIÓN DE LOS LÍDERES DEL MAÑANA

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Dr. Javier Orozco Alvarado
Doctor en Economía Internacional y Desarrollo Económico
Ex Rector del CUC. Vicepresidente de Estudios para el Desarrollo de la Costa Norte, Fundación Colosio, Jalisco.
El 2013 fue un año difícil para quienes iniciaron el nuevo gobierno, sobre todo para los abanderados del Partido Revolucionario Institucional (PRI); pues la manera de hacer política ha perdido mucha credibilidad, sobre todo después de los diez y ocho años de gobiernos panistas en nuestro estado, en los que la clase política, los gobernantes y el partido en el poder se fueron alejando de los ciudadanos, de los diferentes sectores y del propio interés común.
La falta de ética, de valores y de respeto a las diferencias, generó una realidad compleja en la que ahora se hace necesario que nuestra clase política actúe de manera diferente, sea más responsable, más crítica y más propositiva.
Hoy necesitamos formar nuevos liderazgos, preparar a los jóvenes que en el futuro será nuestra nueva clase política; una clase que deberá tener como principio, valores como la democracia, el humanismo, la tolerancia, la honestidad y una moral muy sólida.
Necesitamos de políticos capaces de mediar, razonar, negociar y encontrar soluciones satisfactorias a los intereses de todos los ciudadanos; encontrar soluciones a los conflictos que, seguramente, seguirán latentes ante una sociedad irritada por los malos resultados de los ex gobiernos del cambio.
Es tiempo de que los ciudadanos entendamos que ninguna conducta se desarrolla al margen de la influencia de los padres, pues somos nosotros quienes damos sentido y coordinación al comportamiento de los hijos.  Por eso es importante tener una buena educación para nuestros hijos; que establezcamos nuestros propios códigos familiares de valores en el que se reconozcan las obligaciones, las expectativas y los principios que se consideran centrales para el bienestar de la sociedad, la familia y cada uno de sus miembros.
Este código de valores debe ser un plan familiar  que tenga como principio llevar  un estilo de vida razonable, actuar de una manera franca y honesta, mostrar en forma consistente un comportamiento responsable y poseer una ética de trabajo muy sólida.  Estos valores son importantes para que el individuo, desde la infancia,  tome conciencia de su propia existencia y de la existencia de los demás.
En fin, para lograr nuestros objetivos como padres, la educación de nuestros hijos  debe estar encaminada a que crezcan sanamente y sean personas de bien, exitosas, pero sobre todo, que sean felices y contribuyan a la felicidad de los demás.   Que sean capaces de manejar y controlar sus propias emociones y las de los demás; que sepan distinguir a la gente auténtica  de los estafadores y de los charlatanes.  Que hagamos de nuestros hijos personas íntegras y dispuestas a mejorar, a manejarse responsablemente, a participar en proyectos que contribuyan al desarrollo social, ambiental, de conservación de nuestro patrimonio, de nuestros recursos; pero, sobre todo, que participen activamente en la construcción de una mejor sociedad, de un mejor país, el que ahora tanta falta nos hace y necesitarán ellos en el futuro.