LA INSEGURIDAD CIUDADANA

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Javier Orozco Alvarado
Cada día me resulta  más difícil opinar sobre muchos de los problemas que nos afectan a todos nosotros, los ciudadanos de este país.  Sobre todo,  porque tengo muy buenos amigos que están gobernando en distintos lugares y también tengo otros  que quisieran gobernar en algún lugar. He de confesar que me gustaría poder opinar con la mayor objetividad del mundo, sin que ello fuera visto como un interés particular por favorecer o perjudicar a unos u a otros con opiniones que, seguramente, en nada influirán a favor o en detrimento de ninguno.
Según los expertos de la Public Choice School, son las mayorías quienes influyen en la elección de quienes gobiernan, por lo que la opinión de los intelectuales, científicos o académicos pasa al último plano. Por eso hoy quiero opinar sobre aquello que nos aqueja a los ciudadanos, sin que ello pretenda favorecer o perjudicar a quienes gobiernan o pretenden gobernar. Espero que les sirva para corregir o proponer soluciones en beneficio de nosotros los ciudadanos.
Para nadie es desconocido el clima de inseguridad que nos afecta a todos los mexicanos, tanto a nivel nacional como a nivel local sigue creciendo exponencialmente. Igualmente, todos sabemos que las principales ciudades de nuestro estado han sido presa tanto de la delincuencia común como de la delincuencia organizada. Ciudades tan importantes como Puerto Vallarta o  Guadalajara no han sido ajenas a este lacerante fenómeno que, tarde que temprano, nos podría alcanzar a todos o a la mayoría de quienes vivimos en Jalisco.
En particular, Guadalajara, se ha convertido en una de las ciudades más inseguras de nuestro estado.  Muchos de nosotros o nuestros familiares hemos sido objeto de saltos a casa habitación o de asaltos a mano armada; inclusive, muchos hemos sido testigos o víctimas de secuestros, desapariciones o violaciones de nuestros derechos humanos.  La realidad es que estos fenómenos, lejos de disminuir han incrementado alarmantemente por todos los rumbos de nuestras ciudades sin que las autoridades hagan algo.
Hoy por hoy, no sólo se han incrementado los delitos del fuero común sino que han crecido exponencialmente los atentados perpetrados por la delincuencia organizada; pareciera que ambos delitos están estrechamente vinculados unos con otros. Ya no tenemos claro si en estos delitos están involucradas las propias autoridades, porque nosotros los ciudadanos nos vemos cada ves más indefensos ante la falta de autoridad.
La realidad es que los ciudadanos ya no nos sentimos protegidos por nuestras autoridades, porque pareciera que no hay diferencia entre quienes aprovechan la falta de autoridad o porque somos víctimas de la propia autoridad.
Por eso, los ciudadanos queremos gobiernos que metan en cintura a las bandas de delincuentes y no generen la impresión de que ellos y la delincuencia están más que organizados para extorsionar o someter a los indefensos ciudadanos.
Esperemos que quienes gobiernan o quienes pretenden gobernar, hagan algo por nosotros; propongan estrategias para garantizar la paz y la tranquilidad que, desde hace varios años, hemos perdido en nuestro país y en nuestro estado.