LAS REFORMAS ESTRUCTURALES Y LA DEMOCRACIA EN MEXICO

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Javier Orozco Alvarado
Javier Orozco Alvarado. Doctor en Economía Internacional  y Desarrollo Económico. Ex rector del CUC. Presidente de Estudios para el Desarrollo de la Costa Norte, Fundación Colosio, Jalisco.
Las recientemente aprobadas reformas estructurales en nuestro país, han causado un gran revuelo entre diversos sectores de la población y entre algunos partidos políticos de oposición, principalmente de izquierda. De hecho, recientemente se suscitaron en el Congreso del estado de Jalisco manifestaciones y actos vandálicos de quienes se siguen oponiendo a la reforma energética, la cual sería votada en la entidad el pasado 14 de diciembre.
Aunque estemos de acuerdo o no, hay que entender que estas acciones de algunos sectores de la población pueden ser la respuesta a la falta de representatividad, el desencanto de los electores o a la falta de credibilidad de quienes nos representan políticamente en el Congreso. Y es que con el pluripartidismo y el ejercicio pleno de la democracia en nuestro país, se ha generado una gran polarización social, en la que grandes masas de la población demandan que las decisiones se tomen con base no en el acuerdo de la mayoría en los congresos, sino con base en la opinión, la reflexión y el análisis sobre las implicaciones económico y sociales de todas esas acciones.
La realidad es que en una democracia moderna,  los procesos político, como lo son  las elecciones, deben necesariamente dirimirse a favor de quien obtiene el mayor número de votos; pero aquellas decisiones estructurales cruciales, que podrían tener consecuencia económicas o sociales para una nación, tiene que resolverse no por el voto de la mayoría, sino por el consenso de las mayorías.
En general, los conflictos que se han  desprendido de todas las iniciativas de reformas estructurales en el país son un reflejo de que quienes están tomando las decisiones en los congresos, sean de un partido u otro,  están respondiendo más a intereses particulares que a los intereses de quienes constitucionalmente representan. Es más común ver las filas de políticos recibiendo indicaciones en oficinas particulares que en los distritos a los que en teoría representan en los congresos; aunque esto no es generalizable, la percepción del electorado es que la política o los políticos están cada vez más alejados de los intereses del ciudadano común.
Nadie podrá negar que, tanto las mayorías como las minorías, están representadas distritalmente en los congresos federales o estatales, sea mediante diputaciones nominales o plurinominales; entonces, ¿cuál es la razón de tanta efervescencia política y malestar social?.   Si suponemos que en nuestros congresos están representadas las mayorías y las minorías; entonces tendríamos que revisar en qué y en dónde estamos fallando política y socialmente.
Por principio de cuentas, podríamos decir que en lo social los mexicanos hemos fallado, porque desde hace por lo menos dos sexenios, en aras de la democracia, hemos dividido nuestro voto; porque no somos ni de derecha, ni de centro, ni de izquierda, esto es, que no hemos razonado nuestro voto y que lo utilizamos cada elección sólo como voto de castigo. Y, en lo político hemos fallado porque  nos preocupamos  más por ganar o concursar en  una nueva elección, que por cumplir con las aspiraciones o las necesidades de quienes depositaron su confianza en el partido o en sus políticos.
La verdad de las cosas es que en nuestro país hemos tergiversado el sentido de la política; la política es, no la capacidad para improvisar, como muchos pueden creer; sino la capacidad para negociar y concertar decisiones de interés colectivo. No es la agilidad para levantar la mano y aprobar acuerdos, sino la capacidad para razonar y proponer las mejores soluciones. No es un maratón para ver quién es el que echa más mentiras sino quien tiene más capacidad de convencimiento para lograr los mejores fines.
En fin, esperemos que todos estos desacuerdos, controversias, diferencias y conflictos sirvan para perfeccionar nuestra democracia y hacer de nuestra clase política, una clase más sensata, más honesta, más leal con sus principios, más transparente y más propositiva para atender muchos de los viejos y nuevos problemas nacionales que tenemos que enfrentar los mexicanos.