MÉXICO EN SU ENCRUCIJADA

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MÉXICO EN SU ENCRUCIJADA
Javier Orozco Alvarado
Hoy México, más que nunca, se encuentra en la gran encrucijada de su historia, pues no tiene un rumbo claro hacia dónde dirigirse; no sabe si mantenerse en la dirección del libre comercio o cambiarse a la línea del viejo proteccionismo económico; si subordinarse al voluntarismo del imperialismo norteamericano o refugiarse en el modesto respaldo que ahora le brindan los países a los que en el pasado ha ignorado, humillado y menospreciado, como Venezuela, Cuba o Bolivia.
Hoy el país se encuentra fragmentado, amenazado y humillado; está pagando la soberbia, la arrogancia, la ignorancia y voracidad de quienes prometieron llevarnos al primer mundo, como lo hicieron en su tiempo Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo o como lo hicieron Vicente Fox y Felipe Calderón, quienes se burlaron del cubano Fidel Castro y del venezolano Hugo Chávez.
Hoy las amenazas de Trump de cobrar aranceles a las exportaciones mexicanas para construir el muro o de mandar tropas a México para combatir el crimen organizado se han convertido en la gran cortina de humo para encubrir la gran tragedia que está viviendo el pueblo de México. La tragedia de depender simbióticamente de los Estados Unidos y  haber privatizado todo lo que fue durante décadas el patrimonio de los mexicanos y que fuera la base de nuestro desarrollo económico y social, como la minería, los ferrocarriles, la telefonía y la petroquímica.
Hoy todo está en manos de particulares, por eso, a causa de la privatización de PEMEX, ahora estamos pagando la gasolina que importamos; una gasolina cara, producto de la debilidad del peso frente al dólar y de la ineficacia de la política macroeconómica de nuestro gobierno.
Es cierto que el presidente Trump no ha dejado de arremeter contra de México; pero él está jugando el papel que le corresponde adoptar frente a los norteamericanos. Les ofrece frenar el flujo de drogas e indocumentados, generar empleos y mejorar sus expectativas de vida.
Su desprecio hacia México es no sólo porque nuestro gobierno no ha hecho lo suficiente para frenar el narcotráfico y la migración, sino porque en casi todos los niveles de gobierno se ha involucrado el crimen organizado formando una especie de narco gobiernos, independientemente del o los partidos que controlan el poder.
Frente a estas circunstancias, en México, lejos de informar sobre la verdadera situación del país ante los Estados Unidos y ante los escenarios económicos que se avecinan, nuestro gobierno ha generado desinformación, angustia, ansiedad y miedo entre la población, apelando a la unidad nacional para defender un gobierno y una clase política que ha perdido toda credibilidad y confianza frente a la inmensa mayoría de la población.
El problema no es el muro de Trump, ni el riesgo de perder nuestro principal mercado. Pues tenemos que entender que cada que inicia un nuevo gobierno en los Estados Unidos se replantea su política migratoria y este gobierno no es la excepción.  En realidad, todos los países expulsan indocumentados; lo hace Francia, Alemania, España o México, que expulsa indocumentados guatemaltecos, salvadoreños, hondureños o a todos aquellos ciudadanos que ingresan ilegalmente al país.
Además, antes del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, México exportaba al país vecino el 75% de sus productos; hoy exporta el 80%.  Antes lo hacía con aranceles, hoy lo hace sin aranceles.
En realidad, con obstáculos o sin obstáculos, el comercio entre Estados Unidos y México seguirá siendo importante porque ambas economías han sido históricamente interdependientes. Además, nuestro país es la puerta de entrada de bienes primarios, materias primas y productos semiterminados procedentes de muchas partes del continente.
Por eso, México debe discutir y negociar no quién paga el muro sino cómo evitar que la gente siga emigrando a los Estados Unidos en busca de empleo y de las condiciones de vida digna que le son negadas en nuestro país. El debate no debe centrarse en la aplicación o no de aranceles a las exportaciones mexicanas, sino en los miserables salarios que pagan las empresas transnacionales exportadoras en México y en las múltiples posibilidades que tiene nuestro país para diversificar su comercio.
En fin, tendrían que trabajar tanto los partidos políticos, como los gobiernos y las universidades en informar a la población lo que realmente está sucediendo en las relaciones de México con Estados Unidos y con el mundo; pero sobre todo explicarle a los mexicanos cuál es la verdadera causa de su creciente miseria.
Jueves 9 de Febrero de 2017