PERSPECTIVAS DEL SISTEMA FINACIERO INTERNACIONAL FRENTE A LA CRISIS EN GRECIA

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Javier Orozco Alvarado
Como cualquier fenómeno económico, la crisis financiera por la que atraviesa Gracia puede tener muchas interpretaciones, pero también muchas implicaciones para el sistema financiero internacional.  En primer lugar, porque  una turbulencia económica de esta naturaleza no se traduce automáticamente en efectos negativos sobre todas las economías del planeta; y, en segundo, porque los efectos sobre algunas otras economías serán diferenciados.
Simplemente, a raíz de la posibilidad de que Grecia pudiera no cubrir los pagos del servicio de la deuda en los plazos que se tenían previstos está trayendo consecuencias sobre la estabilidad financiera internacional, particularmente en la zona del Euro. Al contrario de lo que pasa en Europa, las bolsas de los Estados Unidos y Japón, cuyas economías forman parte de la triada económica y financiera a nivel  internacional, han estado presentando  movimientos más favorables que en las economías del bloque europeo. Sobre todo porque esta inestabilidad pone en riesgo los depósitos, las inversiones y las expectativas financieras de los capitales en esta parte del mundo.
Ante tal expectativa, tanto Francia como Alemania y el FM (Fondo Monetario Internacional) han tenido que voltear sus ojos a Gracia para buscar una salida favorable no sólo a los intereses económicos de ese país  sino a los de ellos mismos, pues esta crisis podría arrastrarlos junto con Grecia a un abismo financiero impredecible; simplemente, sin ser un hecho aún, los mercados europeos se están tambaleando ante el mundo, mientras que muchos de estos capitales están buscando países más estables.
La crisis financiera de Gracia, es un fenómeno que muchas economías lo han padecido a causa de la insolvencia de los propios ciudadanos y sus gobiernos, tanto por el abusivo endeudamiento del sector público como por los excesos del consumo privado.
Sin ir tan lejos, cuánto hace que Los Estados Unidos y España enfrentaron una de sus peores crisis financieras a causa del endeudamiento público y privado que los llevó a la catástrofe financiera. Fue tan así que entre 2008 y 2009 el gobierno norteamericano  tuvo que salir al rescate de los bancos privados y de los consumidores y,  España,  ir en busca del apoyo de Francia, Alemania y el FMI para el rescate financiero.
Eso mismo pasó en México con la crisis de la deuda y la crisis bancaria, que llevaron a México en 1982 a declarar la moratoria ante el FMI y al rescate a los bancos con el Fobaproa al inicio de la administración zedillista.
La realidad es que la corrupción, los excesos, el despilfarro y la borrachera financiera han sido las causas de estas crisis recurrentes a nivel mundial. Un rescate financiero como el que ahora requiere Grecia no resuelve a largo plazo el endeudamiento de los países, simplemente se postergan las consecuencias. Es tan así que en 2009 la Unión Europea, ya había salido al rescate financiero de Gracia con nuevos endeudamientos  para pagar el endeudamiento, lo cual se ha  convirtiendo en un círculo vicioso; a mayor deuda más dependencia y a mayor dependencia menor crecimiento.
Por eso, muchos analistas y economistas, menos nuestras autoridades económicas, están preocupados por el futuro económico inmediato de México; no sólo porque la economía no marcha como se esperaba, sino porque la crisis en Grecia  está teniendo consecuencias negativas en nuestro sistema financiero. Especialmente porque nuestra moneda se encontraba anteriormente muy débil frente al dólar y, con esta coyuntura, se ha profundizado el margen de depreciación del peso frente al dólar.
La consecuencia es que el Banco de México ha tenido que estar inyectando dólares al mercado de divisas para sostener al peso frente al dólar y evitar un mayor desplome; ahora que dependemos cada vez más de las importaciones chinas, de las importaciones de otros países del continente para las empresas exportadoras (que ni nuestras son) y que los ingresos petroleros están por debajo de las expectativas que se tenían sobre este mercado. En realidad, es incierto cuanto tiempo podremos aguantar inyectando dólares al mercado de divisas, con cargo al gasto público, y si podremos sostener el peso frente a  esta turbulencia financiera para evitar un desplome de nuestra economía.