RAZONES ESTRUCTURALES DE LA REFORMA EDUCATIVA EN MEXICO

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Javier Orozco Alvarado
Javier Orozco Alvarado
Doctor en Economía Internacional y Desarrollo Económico, Ex rector del CUC, actualmente Vicepresidente de Estudios para el Desarrollo de la Costa Norte de la Fundación Colosio, Jalisco
La polémica que ha desatado la Reforma Educativa en México, es comprensible si tomamos en cuenta que con su implementación se verán afectados algunos intereses particulares, sobre todo aquellos relacionados con el poder que los sindicatos de trabajadores de la educación tenían para incidir en procesos políticos y electorales, en el control de privilegios, prebendas y canogías que favorecía a algunos de los privilegiados dirigentes del magisterio.
Aunque los motivos que dan origen a esta reforma son muy amplios y complejos, la realidad es que, por lo menos, podemos ubicar tres vertientes.  En primer lugar, es una respuesta del Estado para contrarrestar el poder de los sindicatos y su influencia en  la planeación, diseño, métodos y contenidos de la educación pública, en aras de retomar la rectoría del sistema educativo; en segundo lugar, el Estado mexicano busca dar respuesta a las presiones y compromisos internacionales que tiene nuestro país con algunos organismos como la OCDE, la UNESCO, etc.  y; en tercer lugar,  encontrar mecanismos para aminorar nuestras  marcadas desigualdades económicas y sociales.
Por principio de cuentas, hay que reconocer que nuestro país fue catalogado por la OCDE como un país de reprobados en la última evaluación del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA); pues, según ese organismo, a pesar de que el país ha mejorado relativamente el presupuesto, la realidad es que de ese presupuesto, el 93.3% se destina a la remuneración de personal en su conjunto y, prácticamente, nada a la creación de infraestructuras o equipamiento.
La falta de oportunidades educativas para niñas, niños, jóvenes y el deterioro en la calidad de la educación se ha traducido al cabo de unos años en falta de oportunidades laborales, en delincuencia y en deterioro de la calidad de vida de la gente en nuestro país. Esta es una realidad lacerante que prevalece también en otros países a nivel mundial.  Desde la Declaración Mundial de 1990, de la UNESCO, conocida también como Declaración de Jontiem; se viene recomendando a todos los países del mundo la necesidad de garantizar la EpT (Educación para Todos). Por eso esta reforma no obedece ni a caprichos políticos ni voluntades partidistas; es una exigencia objetiva y estructural que desde hace años requiere el país para mejorar sus sistemas educativos.
Aunque esta reforma puede parecer dolorosa, es necesario considerar que se requiere hacer un esfuerzo social y político por mejorar nuestros estándares educativos en cobertura y calidad; pues los datos más recientes muestran que en materia de gasto en educación preescolar México ocupa el lugar 31 de 32 de entre países de la OCDE; el lugar 33 de 34 en educación primaria y el 32 de 34 en educación secundaria.
Desde principios de la década de los ochentas en el siglo pasado, muchos teóricos de la economía mundial  han venido enfatizado en que el gasto en educación es un instrumento estratégico para promover una adecuada distribución de la riqueza, para mejorar el ingreso per-cápita y mejorar las condiciones económicas y de vida de la población. Desde entonces, se ha dicho también que la formación recibida en las aulas es fundamental para el mejoramiento de las capacidades humanas y para mejorar la competitividad de la economía, de las empresas y de los países que participan en el comercio internacional.
Mientras tengamos sistemas educativos obsoletos, sindicatos que promueven el cochupo entre sus líderes en detrimento de los derechos sindicales de los trabajadores o que sigamos teniendo instituciones educativas que sirven más para  propósitos políticos que para cumplir con su responsabilidad social de formar mejores ciudadanos; seguiremos pagando el costo de nuestra descomposición social, de nuestro atraso económico y de nuestro propio futuro como nación soberana.  Al igual que en economía, hay que tener muy claro, que ni todo el control al Estado, ni todo el poder al mercado; asimismo, ni todo el poder al Estado, ni todo el control a los sindicatos. Es el Estado quien debe asumir la rectoría de la educación y la economía para mantener los equilibrios económicos y sociales que hagan de México un país más justo.