SALVEMOS NUESTRAS SELVAS, MANGLARES Y BOSQUES Javier Orozco Alvarado

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SALVEMOS NUESTRAS SELVAS, MANGLARES Y BOSQUES
 
Javier Orozco Alvarado
 
Hasta ahora, no ha habido quien pueda frenar la voracidad de inversionistas y desarrolladores inmobiliarios en ninguna parte del territorio nacional, trátese de bosques, selvas, manglares o humedales. Por más que los gobiernos del mundo, incluido el nuestro, se han comprometido en todas las mentadas “cumbres de líderes” para frenar el calentamiento global o conservar los recursos naturales para las generaciones futuras; ninguno ha sido congruente con los compromisos que  han asumido entre ellos, con la humanidad y con el planeta.
 
Basta señalar que en diciembre de 2010, en la Cumbre de Cancún sobre Cambio Climático, México se comprometió en su calidad de  anfitrión  a luchar contra la deforestación y la degradación forestal; hoy vemos con tristeza el desmonte de los manglares de Tajamar, en Cancún, bajo la anuencia de SEMARNAT y FONATUR, quienes defienden la legalidad de los inversionistas para construir viviendas y un complejo turístico en una zonas de reserva de la biósfera.
 
Pero no hay que ir tan lejos; las atrocidades sobre el medio ambiente también se están cometiendo en nuestro estado de Jalisco, en contra de los hipócritas acuerdos logrados recientemente en la COP 21 de París en diciembre de 2015 sobre Cambio Climático, en donde México se comprometió junto con los demás países a promover una ejemplaridad ambiental.
 
Lamentablemente en nuestro país son pocos quienes se atreven a opinar o a movilizarse en defensa del patrimonio natural de la humanidad y de la parte que nos corresponde a los mexicanos en este lugar del planeta. No hay quien se anime a poner un freno a las ambiciones desmedidas de gobiernos corruptos y desarrolladores urbanos.
 
Simplemente, hace casi dos años advertimos sobre el riesgo que significaba para Puerto Vallarta el desmonte de sus selvas montañosas para construir un segundo libramiento para comunicar bajo un sistema de autopista a esta localidad con lo que será el “Nuevo Cancún” de Chalacatepec y el proyecto urbanístico de AMEYALCO.
 
A nadie le importa el calentamiento, el cambio climático, el daño ambiental o lo que tenga que ver con la preservación del planeta, porque no hay conciencia ni voluntad para cambiar nuestro futuro; el futuro de muchas especies, de nuestra especie y la de los mexicanos.  
 
Los expertos siguen preocupados por lo que significará para Puerto Vallarta  impulsar estos codiciados proyectos de desarrollo urbanístico residencial para privilegiar los nuevos flujos turísticos; pues más que para Puerto Vallarta, estos nuevos desarrollos irán en detrimento de lo que queda de este maravilloso destino turístico.
 
Hemos insistido por años, que estos proyectos terminarán por deteriorar aún más los equilibrios ecológicos en la región, en tanto que afectarán irremediablemente la flora y la fauna local, incluso aquellas consideradas endémicas o en peligro de extinción.
 
Realmente en este país se necesitan muchos frentes, muchas acciones y muchas movilizaciones para frenar los constantes ecocidios; los cuales ahora tienen amenazado al bosque de los Colomos en Guadalajara, donde se pretende construir un complejo habitacional sobre una zona ambientalmente protegida y que es el principal pulmón de la Zona Metropolitana.
 
Como ciudadanos, no podemos permitir que quienes detentan el poder económico y político estén por encima del interés de la sociedad  y de toda la humanidad. El  planeta es de todos.
 
Atrevámonos a movilizar a la sociedad para interponer amparos colectivos en contra de los desarrolladores que quieren acabar con el planeta y con todas las especies; incluida la especie “humana”. Promovamos en todas las regiones del país y lugares del mundo el amparo contra quienes quieren acabar con nuestro patrimonio natural; como se está haciendo hoy por hoy en Guadalajara, en donde la sociedad está siendo organizada para presentar un amparo colectivo en contra de los desarrolladores para impedir la construcción de viviendas dentro del bosque.
 
Si bien es cierto que no podemos cambiar el mundo, es necesario que, por lo menos,  la gente tenga conciencia de que en sus manos está la posibilidad de frenar la ambición de quienes creen que la realización personal y la felicidad está en amasar poder y grandes fortunas; tienen que entender que los recursos naturales no son inagotables y que de ello depende también el bienestar de ellos mismos y el de sus propias generaciones futuras.
 
Jueves 28 de enero de 2016