¡Y nosotros lo vivimos!

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Por: María Estela Camacho
 
Tuvimos la suerte de vivir en los días en que tenías siempre la puerta de tu casa abierta y dejabas tu automóvil con las llaves pegadas y no pasaba nada…donde no había diferencias de clases, donde cuando caía una buena tormenta salías a correr bajo la lluvia con los pies descalzos, riendo y jugando con el agua…
Vivimos los sonidos de nuestro pueblo, por las mañanas el sonido de las escobas barriendo el frente de las casas y las voces de los vecinos saludándose, a las nueve de mañana tenía que estar todo barrido y regado o quedabas expuesto a que pasara un policía con dos o tres de las personas que habían sido arrestadas la noche anterior por delitos leves y ver que el frente de tu casa no estaba limpio, ellos lo hacían y tenías que pagar una multa… luego las voces de las señoras saludándose al encaminarse a la esquina de Guerrero e Hidalgo a hacer las compras del mercado, más tarde el sonido del cuchillo pegando al remo del pescador que andaba ofreciendo la pesca del día y si había algo que informar a la población la distintiva voz de “Mamachencha” parándose en cada esquina para leer lo que le habían encomendado y cada día la campana que anunciaba que debías sacar la basura porque pasaba un carretón jalado por caballos recogiéndola.
Una vez al año, generalmente al término de la temporada de lluvias todos se ocupaban de pintar las fachadas de sus casas, como no había pintura vinilica, se hacía una mezcla de agua, cal y alumbre para hacerlo, esta mezcla tenía un propósito el primero era dejar impecable tu fachada y el segundo por la cal se inhibía que alguna fauna nociva escalara las paredes, también se tenía que desenzacatar esto consistía en quitar todas las hierbas de la calle que crecían generalmente adosadas a las banquetas.
Todo esto sucedía en el pueblo que era lo que ahora es el centro, antes que llegaran gentes que al no conocer nuestra historia, les dio por llamar “viejo vallarta” a la colonia Emiliano Zapata, cuando en esta zona lo único que existían eran huertas y algunas pocas casas habitación, ni siquiera existía trazo de calles ya que los espacios libres eran cruzados por acequias, pero los que llamaron “viejo vallarta” a esta parte del pueblo y las autoridades que lo permitieron no conocen nuestra historia y no contamos con una voz autorizada u organismo rector que pare estas incongruencias.
La amabilidad del vallartense siempre ha existido y a los visitantes se les recibía con calidez, a principios de Mayo venían muchos visitantes de los pueblos de la sierra, ya que existía la creencia de que si te bañabas nueve días en el mar por las mañanas asegurabas un año de buena salud, por lo tanto desde las siete de la mañana se podían ver a muchas gentes haciéndolo., algunos de ellos se quedaban un buen rato en la playa, siempre llevando lo que comerían ya que no había restaurantes.
Otras fechas de fiesta eran las de la Virgen de Guadalupe, que eran nueve días y de los cuales les platicaré en otra ocasión.
 
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