“Retos y oportunidades para Puerto Vallarta en el nuevo orden financiero y global"

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A lo largo de nuestra historia, diferentes iniciativas y experimentos han sido puestos en marcha para buscar organizar a la sociedad en un camino evolutivo, hemos pasado por monarquías, comunismo, fascismo, democracias y capitalismo.

Todos con la intención de distribuir de alguna manera las actividades productivas de nuestra sociedad y generar patrones que definan una forma de vida. En todas estas etapas, dos constantes han estado inevitablemente presentes; los banqueros y un sistema de poder concentrado en unos pocos. En tiempos modernos, la consecuencia de estos experimentos, han traído como resultado que la forma en la que producimos y consumimos, destruya en su proceso los recursos naturales y enfocan los valores modernos en el abandono de las virtudes humanas.

En lugar de que la sociedad este ocupada en los avances científicos para proyectarnos como una raza estelar, que en el futuro visite y lleve al ser humano a las fronteras de otros planetas, estamos envueltos en un consumismo absurdo y desmedido de productos que inclusive dañan nuestra propia salud o degeneran nuestra calidad de vida. En lugar de promover energías alternativas que disminuyan los costos de producción e incrementen la productividad humana estamos, todavía, avanzado el siglo XXI, usando energía fósil; en lugar de promover alimentos orgánicos y nutritivos, estamos jugando genéticamente a alterarlos, despojarlos de nutrientes y llenarlos de mezclas genéticas sin saber sus futuras consecuencias. 

Al día de hoy, pese a los denodados esfuerzos de su gobierno por esconderlo, las estadísticas de Estados Unidos de Norteamérica son alarmantes. El desempleo, sin los ajustes estacionales, se ubica cerca del 25%. El crecimiento de su PIB no ha logrado acercarse a tasas oficiales del  3% anual. El poder adquisitivo del dólar equivale hoy a solo el 5% de lo que valía cuando se creó su Banco Central (FED) en 1914.

Su deuda pública reconocida supera ya el 100% de su PIB, mientras numerosos analistas opinan que esa deuda podría ser hasta 20 veces mayor a lo reportado por las cifras oficiales. El mercado norteamericano ha perdido el brillo que le caracterizaba años atrás. Tras la crisis financiera de 2008, no ha podido recuperar su posición más allá del manejo manipulado de los mercados financieros. Vive un declive comercial que amenaza la hegemonía de su moneda en el mundo, así como su papel como regulador de las políticas comerciales internacionales.

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