Tianguis Turístico de México

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Por: Lic. Gabriel Igartua
En el año del 1978, cuando participé en mi primer Tianguis Turístico de Acapulco, el evento me causó un gran impacto, al ver reunidos en un solo foro a los entonces principales destinos turísticos de México pero, más aún, a todos nuestros socios comerciales (Agentes de Viajes Mayoristas, Líneas Aéreas Nacionales e Internacionales, Agencias de Viajes y de Turismo Receptivo hoy conocidas como DMC’s) y a la Prensa Nacional e Internacional especializada en la materia.
Se trató de magno evento de gran calidad y que, si bien se podría comparar a las grandes ferias Turísticas Mundiales, este tenía una particularidad: era exclusivamente para promover y vender los atractivos de nuestro país, de forma no nada más muy profesional, sino en un marco en el cual los iconos de México se utilizaban muy a la mexicana; es decir, llenos de calidez y calidad para recibir a nuestros invitados de honor y para mostrarnos como la gran potencia de negocios turísticos que somos en México.
Este era, como su nombre lo indicaba, un evento donde los principales compradores y vendedores de la industria cerraban los contratos y negociaciones del siguiente año, de forma por demás simple, pero que entrañaba un gran compromiso, ya que se acordaban los puentes aéreos y los apoyos para los nuevos polos de desarrollo en este tiempo (Cancún, por ejemplo), sin descuidar los tradicionales (Acapulco, Puerto Vallarta, Veracruz, Mazatlán, Ciudades Coloniales etc.), todo esto organizado y bajo la personal supervisión de un expresidente de México, dueño de una gran visión y conocimiento del Turismo, Dn. Miguel Alemán Valdez, quien dio nuevo significado a las palabras atención personal, porque él estaba siempre presente en el Tianguis y visitaba a todos los stands de expositores, acompañado siempre de su equipo, asegurándose de que todo estaba en orden y de que estábamos realizando negociaciones que aseguraran una afluencia de visitantes que sería una garantía para tener el éxito y ocupaciones que dieran solidez y crecimiento a los entonces protagonistas de esta industria.
El Tianguis Turístico es un evento que durante décadas se fue consolidando y, desde luego, adaptando a la modernidad y sobre todo, al crecimiento de la oferta turística del país.
Dn. Miguel Alemán V. instituyó premios para los mejores artículos publicados sobre México y sus atractivos turísticos, así como reconocimientos de gran relevancia para aquellos operadores mayoristas y líneas aéreas que daban resultados incuestionables para ir creciendo y consolidando a México. Por supuesto, estos premios eran buscados por la relevancia que tenían pues, como un Óscar, garantizaban la calidad de quienes lo recibían.
Tuve la fortuna de conocerle personalmente y de gestionar junto con Hoteleros visionarios de Puerto Vallarta (Ing. Enrique Carothers, Dn. Juan Gogordan, Dn. Juan Peña, Dn. Máximo Cornejo, mi padre, Gabriel Igartúa Méndez y muchos más) apoyos que, en ese entonces, por su relevancia, eran casi exclusivos para Acapulco. Así fue como Puerto Vallarta empieza a tener cada día mayor presencia, no sólo en el Tianguis de Acapulco, sino en ferias internacionales como ASTA, Travel Age West, PATA con el apoyo del entonces Consejo Nacional de Turismo (hoy CPTM).
Durante mucho años continuos participamos en este magno evento y pude ser testigo participativo y presencial de sus mejores tiempos, así como de su lento y lamentable deterioro, ocasionado por la falta de consistencia y cambios en la política turística (muchos años ausente), lo que provocó que este se convirtiera, en Acapulco, en un suceso de poca afluencia de calidad y escasa eficiencia para la inversión que se tenía que hacer, llegando en últimas fechas a ser uno de relleno, complemento y relación pública de los realizados y organizados de forma regional como el Gala Vallarta, que tomaron el papel que Tianguis venía desempeñando y que llegó a tener, en sus últimas versiones, más vendedores de anuncios en revistas y medios que calidad, que compradores que garantizaran el cierre de negociaciones como las necesarias para justificar el costo de la inversión de participar en este.
Hoy, Puerto Vallarta y Riviera Nayarit tienen la gran oportunidad de mostrar en un aparador estos antecedentes. También de que, por lo menos, garantiza que tendrá la presencia de nuestros socios comerciales y de la Prensa Especializada, pese a que muchos de ellos tienen décadas de no visitar de forma personal nuestra región. Esta oportunidad ha logrado que se ponga la atención necesaria y se hagan las inversiones, adecuaciones y esfuerzos que nunca se habían hecho para mostrar un Puerto Vallarta que, de forma natural, es por demás una belleza. Se ha hablado en los medios de difusión local y estatal acerca de los grandes beneficios que este Tianguis tendrá, pero los visitantes no vienen por el solo hecho de que el Tianguis Turístico de México (nunca debió ponérsele de Acapulco) sea hoy aquí. Estamos hablando de un evento único, una sola edición que pondrá a prueba toda la capacidad de organización y de trabajo en equipos de los dos destinos que, hasta hoy, no han demostrado ser capaces de trabajar como uno solo y que además viene rodeado del malestar de nuestros colegas y amigos turisteros de otros destinos complementarios de México (y nótese que dije complementarios, porque los de competencia son Hawai, República Dominicana, El Caribe, etc.) que, por situaciones más políticas y de egos, expusieron a nuestro Puerto Vallarta como un lugar poco ideal para que el Tianguis se hiciera aquí.
Es tiempo de entender que esta Región Turística de México no se hizo al vapor ni en las últimas décadas; hay historias de éxito y tenemos un grandioso pasado hecho de unión, participación y responsabilidad compartida, con lo que los intereses personales y particulares se hacían a un lado para anteponer los del destino, que son también los intereses de todos los habitantes de ambos paraísos.
Ojalá este evento, que constituye un gran reto de unión para todos, nos haga retomar ese camino solidario del pasado, el que generó cimientos muy sólidos para que, a pesar de los errores, crisis y daños a la imagen por razones propias o externas, se retomen los principios establecidos en la lógica del desarrollo de nuestras localidades y de la mercadotecnia, que demuestran, hoy como ayer que esta, y la política de intereses partidarios y excluyentes, no se pueden mezclar.