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Tlatelolco: 2 de octubre, una fecha que México no olvida

 

Matanza de Tlatelolco

El 2 de octubre de 1968, la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, dejó de ser el escenario de un mitin estudiantil para convertirse en uno de los lugares más dolorosos de la historia contemporánea de México.

Aquella tarde, alrededor de diez mil personas se congregaron para escuchar a los oradores del Consejo Nacional de Huelga. Había estudiantes, trabajadores, familias, habitantes de la unidad, periodistas y ciudadanos que se habían acercado a escuchar. El ambiente, según los testimonios recogidos, era inicialmente tranquilo, aunque la presencia del Ejército, la policía y los granaderos evidenciaba la tensión que rodeaba al movimiento estudiantil.

Cuando los estudiantes anunciaron que la marcha prevista hacia el Casco de Santo Tomás no se realizaría ante el despliegue de las fuerzas públicas, aparecieron en el cielo luces de bengala. Poco después comenzaron los disparos.

La multitud intentó escapar. Desde distintos puntos se escuchaban ráfagas de armas de fuego. Personas corrieron hacia los edificios y las calles cercanas mientras otras quedaron atrapadas en medio del fuego cruzado. La Plaza de las Tres Culturas se transformó, en cuestión de minutos, en un escenario de violencia y muerte.

Los testimonios y las versiones publicadas en aquellos días fueron contradictorios. Algunos medios reportaron que los soldados respondían al fuego de presuntos francotiradores; otros testimonios aseguraron que los disparos comenzaron contra los manifestantes. El propio secretario de la Defensa Nacional reconoció entonces que había muertos y heridos entre militares y estudiantes, aunque no pudo precisar la cifra.

La dimensión de la tragedia quedó marcada también por las detenciones masivas. Cientos de personas fueron trasladadas a instalaciones militares y cárceles, mientras el Ejército mantenía rodeada la zona y realizaba registros en los edificios de Tlatelolco.

Y hay una pregunta que, 58 años después, continúa atravesando la memoria nacional: ¿cuántas personas murieron realmente aquella noche?

Las cifras publicadas en los días posteriores fueron distintas y con el paso del tiempo surgieron nuevos cálculos. El propio material histórico señala que el número exacto de víctimas no ha podido establecerse con certeza. Esa ausencia de una cifra definitiva no disminuye la magnitud de la tragedia; por el contrario, recuerda cuánto falta por esclarecer.

Tlatelolco no pertenece únicamente a los libros de historia. También pertenece a la memoria de las familias que perdieron a alguien, de quienes sobrevivieron, de quienes fueron detenidos y de una sociedad que durante décadas ha intentado reconstruir lo ocurrido.

Recordar el 2 de octubre no significa quedarse atrapado en el pasado. Significa preguntarse qué ocurrió, quiénes fueron las víctimas, quiénes fueron responsables de las decisiones tomadas aquella noche y por qué durante tantos años permanecieron abiertas tantas interrogantes.

La memoria también exige verdad. Y la verdad, cuando se trata de una tragedia de esta magnitud, no puede depender del olvido.

A 58 años de Tlatelolco, la exigencia sigue siendo sencilla y profunda: conocer la verdad, preservar la memoria de las víctimas y avanzar hacia una justicia que permita cerrar una herida que México todavía lleva consigo.

Porque el tiempo puede avanzar, pero hay hechos que una sociedad no debe permitir que desaparezcan de su memoria.

2 de octubre no se olvida.

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