EL TERRORISMO EN EL MUNDO. Por Javier Orozco Alvarado

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Los recientes actos terroristas acontecidos en Francia, en donde murieron 129 personas y otros más de trecientos se encuentran heridos, han conmocionado a la mayoría de los ciudadanos y a casi todos los países del mundo occidental. Este abominable crimen nos debe llevar a reflexionar sobre la degradación a la que ha llegado la raza humana, no sólo como consecuencia de las malas acciones del Estado sino también como resultado de la miseria y la intolerancia religiosa.  Estamos, sin lugar a dudas, frente a una guerra que lleva muchos siglos entre Oriente y Occidente; entre católicos y musulmanes; entre el capitalismo y la especie humana.
Justificadamente o no, estos crímenes atentan contra la paz y el derecho a la vida que tenemos todos los seres humanos. Unos son crímenes de guerra y otros son crímenes de Estado.
La realidad es que ni el fanatismo ni el Estado tienen porque adjudicarse el derecho a privar de la vida a otros seres humanos; tan se priva de la vida a la gente con la muerte, como el no hacer nada para erradicar la miseria y las desigualdades entre naciones y entre personas.
Este siglo ha sido particularmente violento, tanto para los que menos tienen, como para cualquier ciudadano inocente del mundo. Hoy todos somos víctimas del terrorismo; unos por la violencia que ejerce el Estado y otros por la violencia del crimen organizado; unos mueren por violencia y otros por el hambre.
El terrorismo es algo que nos preocupa porque está en todas partes; ha estado en Nueva York en septiembre de 2001; en Madrid el 11 de marzo de 2004; en Ayotzinapa, México el 29 de septiembre de 2009 y ahora en París. Sea cual sea la forma de violencia o quien la ejerza, nos debe preocupar a todos.
Sobre todo porque ahora todos los ciudadanos estamos expuestos a las distintas formas de violencia; sea a la desaparición o a la represión por expresar ideas, sea por estar reunidos en cualquier sitio o por pertenecer a otra religión.
La realidad es que hoy la muerte está o ha estado en todas partes. Ahora fue en París, el corazón del mundo, en la ciudad luz, en la ciudad de los enamorados; ha estado en Nueva York, el cerebro del mundo, la ciudad de la elegancia y el glamur; en Madrid, la capital de la cultura, la puerta de entrada al viejo mundo; entre los estudiantes de México en el 2014 y lo que seguramente falta si no cambiamos el mundo.
Sea quien sea que ejerza la violencia, nadie tiene derecho a privar a nadie ni de la vida ni de la libertad;  sean estos yihadistas, de la ETA, de Al Qaeda o  las fuerzas del Estado.
Es muy cierto que vivimos en un mundo sin valores, que lo que caracteriza a esta nueva era es el consumismos, el individualismo, el egoísmo, la exclusión, la intolerancia, la avaricia y el despilfarro. Pero los valores no pueden existir si no los conocemos, no los enseñamos o no los practicamos.
La falta de valores y su desconocimiento es consecuencia de la ignorancia, de la falta de acceso a la educación, a tener un empleo, un ingreso, una familia, un espacio para vivir o satisfacer las necesidades básicas de salud, agua  o alimentos.
Hoy estamos consternados por la violencia; estamos dolidos todos los ciudadanos del mundo porque quienes nos han gobernado han propiciado las grandes desigualdades, el fanatismo, el egoísmo, la exclusión, la falta de tolerancia y la violencia.
Hoy nos conmueve el dolor de nuestros hermanos franceses, el dolor de todos aquellos hermanos que viven y han vivido la violencia en México y en otras partes del mundo.  Por eso, unámonos por la paz, pero también para acabar de una vez por todas con la amenaza del crimen organizado, el fanatismo religioso y el terrorismo del Estado.
Jueves 19 de noviembre de 2015