PERSPECTIVAS ECONÓMICAS PARA 2016

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Javier Orozco Alvarado
Un principio fundamental para la buena marcha de cualquier economía del mundo es el acceso a la información estadística confiable. Es tal el caso, que los países más ricos del mundo disponen de datos confiables para tomar decisiones en materia de planeación, de  inversión o cualquier otra actividad económica y social; por eso siguen ricos.
Lamentablemente, en nuestro país, cada día desconfiamos más de la veracidad de los datos del INEGI porque muchas veces se contradicen, carecen de lógica, chocan abruptamente con la realidad o van en contra de las leyes que rigen el principio de las ciencias.
Es el caso de las leyes que explican el comportamiento de la economía; como la ley de la oferta y la demanda o  la ley de los rendimientos, etc. Por eso no entiendo cuando las autoridades dicen que el peso está fuerte y nosotros vemos todo lo contrario. O cuando dicen que tenemos  un sistema financiero robusto y una economía estable.
Realmente no entiendo cómo podemos tener una economía sana con un crecimiento económico tan bajo, con un peso tan subvaluado, con un mercado petrolero en crisis y con una economía eminentemente manufacturera; porque realmente no somos una economía industrializada, avanzada tecnológicamente, financiera o desarrollada.
No entiendo cómo podemos tener una tasa de desempleo de las más bajas del mundo (4.3%) con una tasa promedio de crecimiento económico tan bajo del 2.5%; muy por debajo del desempleo en los países ricos, que fluctúa entre el 9 o el 25%.   Es más, no comprendo por qué si es tan bajo el nivel de desempleo vemos cada vez más gente pidiendo limosna en la calle, limpiando vidrios o vendiendo bisuteria en los cruceros.
Tampoco entiendo cómo la inflación (2.7%) puede ser tan baja como nunca en la historia de este país; si las leyes de la ciencia económica establecen que un país con casi pleno empleo  se ve expuesto a presiones inflacionarias. Es decir, que con mucho empleo hay más ingresos, más demanda y, por ende, mayor inflación.
Me parece contradictorio, igualmente, que en este año la tasa de consumo promedio creció 3%, mientras que el crecimiento de la economía fue de 2.5%.  Es cierto que se puede deber al endeudamiento de las familias, pero si la economía sigue estancada con esa tasa de crecimiento, lo más probable es que el sistema bancario pudiera llegar a colapsarse en 2016.
Si bien es cierto que para este año habrá ingresos por 6.284 millones de dólares gracias a la cobertura petrolera, la realidad es que para 2016 lo único que podrá asegurar el gobierno mexicano es un precio de cobertura equivalente al precio vigente, que es de alrededor de 30 dólares por barril; así que no podremos ser muy optimistas con respecto a los ingresos petroleros.
Y de los ingresos por exportación ni hablar, pues la fortaleza del dólar frente al peso seguirá significando un encarecimiento de las importaciones y un abaratamiento de los productos y servicios que México vende al exterior; que, en términos reales, significan menores ingresos.
La verdadera expectativa es que si aumentan las tasas de interés en los Estados Unidos el próximo año, la fortaleza del dólar será mayor y los costos de nuestras importaciones también. Por eso seguiré sin entender cómo es que tenemos tan baja inflación; pues según las leyes de la economía, la inflación aumenta si crece el consumo, se encarecen los costos de los insumos o son altas las tasas de interés. Si lo que dicen que sucede en la economía mexicana es real, las perspectivas económicas para 2016 no serán tan buenas y el peso seguirá perdiendo terreno frente al dólar.
Jueves 10 de diciembre de 2015